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Navega la investigación científica mexicana

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es una institución que se ha caracterizado a lo largo de su historia por impulsar la investigación científica en diversas áreas del conocimiento que no están supeditadas a las tierras continentales, ya que también las aguas oceánicas son campo experimental. Los dos buques universitarios, El Puma y Justo Sierra, son testigos de ello, mismos que este año festejarán sus 30 y 28 años, respectivamente, de emprender el viaje científico.

Durante sus casi treinta años al servicio de la investigación, en ambos barcos universitarios han surgido más de 8 mil publicaciones científicas de carácter nacional e internacional. De acuerdo con datos de la Coordinación de Plataformas Oceanográficas (CPO), instancia que tiene a su cargo la administración de los barcos de la UNAM. En el periodo 2000-2006 los navíos realizaron 120 campañas académicas. El Puma navegó 804 días y 105.7 mil millas náuticas en 66 campañas. En tanto, el Justo Sierra recorrió 860 días y 101.2 mil millas náuticas en 54 campañas.

Durante las travesías, las principales actividades que se realizan tanto en el El Puma como el  Justo Sierra son: registros de parámetros oceanográficos entre la superficie y el fondo del mar, tales como temperatura, salinidad, oxígeno disuelto, turbiedad, fluorescencia y corrientes; muestreos de agua entre la superficie y el fondo para la determinación de sales nutrientes, partículas en suspensión y microorganismos.

Además de muestreo de la fauna bentónica, obtención de núcleos del suelo submarino, registros batimétricos y del suelo submarino, registros de densidad de organismos en el agua, así como de temperatura y salinidad de superficie a lo largo de la ruta del buque, observaciones meteorológicas de viento, temperatura, presión, humedad y aerosoles; instalación y recuperación de equipos anclados a grandes profundidades, apoyos logísticos para estudios de islas y áreas costeras de difícil acceso desde el interior del país, educación y entrenamiento de campo en las ciencias del mar.
 
En óptimas condiciones
 
El titular de la CPO, el doctor Ingvar Emilsson, explicó que dicho trabajo no sería posible si las embarcaciones no recibieran el mantenimiento adecuado.

El investigador, de origen islandés y avecindado en México desde hace más de 40 años, detalló que durante la navegación y al estar atracados al muelle, a la obra viva de los barcos (la parte sumergida del casco, que los mantiene a flote) se les adhieren diversos organismos encostrantes que dañan su estructura y reducen su velocidad. En el caso de El Puma, atracado en el puerto de Mazatlán, Sinaloa, el sarro llegaba a reducir la velocidad hasta en 25 por ciento, lo que resulta un mayor consumo de combustible, pérdida de tiempo durante las travesías e incluso retraso en la calendarización de las campañas académicas, debido a los largos periodos que toma dar mantenimiento al buque.

“Conscientes de ello, decidimos comparar la eficiencia de diversas marcas de recubrimiento a través de un experimento, cuyo objetivo era identificar el producto más eficaz para preservar la operatividad de los navíos. Para ello, invitamos a cada una de las marcas disponibles en el mercado a aplicar su material a una franja específica de la obra viva del barco. Posteriormente, el desarrollo de la encostración sobre las distintas franjas fue monitoreado por un biólogo marino”, detalló.

En el primer año del experimento, todas las marcas tuvieron los mismos resultados de resistencia, durante el segundo se empezó a notar fuertes diferencias en el desempeño de los productos y al tercer año los resultados sólo un producto de la firma mexicana Comex obtuvo los rendimientos esperados, ya que la encostración de su franja era prácticamente nula. Con base en estos resultados se han empleado estos recubrimientos a la obra viva de ambos buques de la UNAM, lo que significa que las embarcaciones salen del agua cada tres años con el casco prácticamente limpio.

Asimismo, se comprobó que el producto no contamina el medio ambiente ni daña ecosistemas marítimos de una manera perceptible, máxime que un buque oceanográfico no debe afectar el objeto de la investigación, el mar en sus múltiples facetas.

Por su parte, el ingeniero Cab Ruiz, secretario técnico de la CPO, detalló que hasta hace algunos años la vida promedio de una embarcación era de treinta años y con base en ello, tanto El Puma como Justo Sierra estarían a punto de terminar su vida útil. Sin embargo, gracias a los esfuerzos de la propia UNAM para mantener los buques y actualizar sus equipos, se estima que ellos puedan seguir apoyando las investigaciones marítimas por unos 25 años más.

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