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Argentina:¿llave para desactivar el eje Irán-Venezuela?

El próximo domingo 18 de Julio se cumplirán dieciséis años del sangriento y brutal atentado terrorista que asesinó a ochenta y cinco personas e hirió a otros cientos en la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (A.M.I.A.) en pleno centro de la capital Argentina.

Aquel ha sido el segundo atentado sufrido por nuestro país en la década de los 90, luego del horror del ataque a la Embajada de Israel en 1992. Quizás ambos atentados preanunciaban desde entonces una nueva etapa del terrorismo internacional que cambiaría para siempre la historia de la humanidad y comenzaría a partir del 11 de Septiembre de 2001.

En los Estados Unidos de Norteamérica, la opinión pública y la dirigencia política se mostraron unidas para responder al flagelo de los brutales acontecimientos del 9/11. Lamentablemente, la reacción oficial no fue la misma en nuestro país y quizás también hemos fracasado como ciudadanos en exigir el fin de la impunidad con mayor vehemencia. Aquí se perdieron largos años en una confusa trama judicial, la cual además de no lograr la individualización precisa de los responsables estuvo escandalosamente viciada por numerosas irregularidades que culminaron con la vergonzosa destitución del juez de la causa.

La primaria investigación judicial resultó anulada por haberse comprobado que seguía una pista falsa y “armada“, debiendo la justicia comenzar a investigar de cero. Finalmente, como fruto de ésta nueva y tardía investigación, la fiscalía encontró evidencias suficientes que indicaban como presuntos colaboradores de la masacre a funcionarios del gobierno de la republica Islámica de Irán. Entre ellos, a su ex presidente Akbar Hashemi Rafsanjani. En 2007, INTERPOL aprobó las órdenes de captura internacional pedidas contra dichos sospechosos por las autoridades locales.

La globalización supone una nueva realidad en la cual las interacciones entre las naciones y las economías que nos obliga a ampliar el espectro de análisis. Es así que se impone la necesidad de contextualizar la presunta colaboración de los funcionarios iraníes con la política de su país en concierto internacional.

Nos encontramos entonces que quienes dirigen la república Islámica de Irán han llevado a cabo un polémico y ambicioso plan nuclear, del cual tanto sus “enemigos” occidentales y también sus aliados como Rusia dudan de su finalidad “pacífica” basados en serias evidencias. Informes de inteligencia señalan que tras el velo de un plan nuclear destinado a la producción energética, la teocracia persa esconde instalaciones en las cuales desarrolla armas nucleares.

La reticencia ante inspecciones internacionales para comprobar que no se estén desarrollando armas nucleares es coherente con la negativa a acceder al pedido de colaboración que ha solicitado la justicia Argentina y de INTERPOL. A ello debe sumarse que Irán nunca respondió a los enérgicos pedidos que los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández han venido efectuando ante la Asamblea General de la ONU desde 2007 en adelante. En un gesto que sólo puede calificarse como una provocación, en 2009 Irán designó –con aprobación mayoritaria de su Parlamento- como ministro de Defensa a Ahmad Vahidi, uno los prófugos implicados en los crímenes terroristas.

 

Lejos de ser novedad, la relación de funcionarios iraníes en hechos ilícitos perpetrados en el exterior también fue apuntada por órganos de justicia de otros países. Así, en 1997 un tribunal de Alemania condenó a dos hombres por el asesinato de un líder kurdo iraní. En tal caso la fiscalía actuante afirmó que el crimen había sido ordenado personalmente por el ya mencionado Rafsanjani, presidente de Irán al momento del hecho. Todos estos indicios inclinan la balanza en favor de la hipótesis que coloca a Irán jugando un rol activo en la propagación y financiamiento del terrorismo global.

El GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional contra el Lavado de Dinero), entidad intergubernamental pionera en la lucha contra los delitos económicos, señaló en su comunicado público del 25 de Febrero de 2009 que “… sigue particularmente preocupado por la falla de Irán en hacer frente al riesgo de la financiación del terrorismo y la grave amenaza que ello supone para la integridad del sistema financiero internacional…”. Evidentemente, la falta de colaboración de Irán con las autoridades de Argentina no constituye un hecho aislado.

Así las cosas, resulta lamentable que la teocracia islámica haya encontrado en nuestro continente a un aliado en la persona de Hugo Chávez Frías, presidente de la república Bolivariana de Venezuela. Dicha posición denota una grave incoherencia ideológica en las relaciones internacionales de la nación caribeña. Resulta extraño que un régimen que se presenta a sí mismo como “socialista” y de izquierda entable una relación de amistad y cooperación hacia otro que se coloca en las antípodas de su ideología: un fundamentalismo religioso de extrema derecha que es abiertamente autoritario.

La cuestión no es menor, puesto que implica abrir las puertas de nuestro continente a un gobierno con graves sospechas de ser promotor del terrorismo,  Además la postura de Chávez deja la vía libre para que otros paises de la región sigan su camino.  Recientemente otro aliado nuestro, Brasil, se ha apartado de la posición de condena que predomina en el mundo occidental, para ensayar distintos tipos de acercamiento al régimen islámico, intentando cooperar en su plan nuclear “pacífico”. Todo ello resulta muy grave,  pues resulta ingenuo suponer que la agenda iraní se va a limitar únicamente a una cooperación técnica o científica.

Esto nuevamente debe dimensionarse de acuerdo a los alcances globales. La realidad indica que Irán pronto tendrá su propia bomba atómica. Los informes de inteligencia señalan que los ingenieros iraníes sólo necesitan un poco más de tiempo para ello, puesto que ya poseen el equipamiento para fabricar el combustible de las armas, el know how para ensamblar las bombas y disponen de sistemas de misiles y navales para que sus bombas alcancen blancos fuera de sus límites.

Si Irán finalmente desarrollara a dicho armamento y además decidiera dejar el tratado de no proliferación nuclear (TNP), las ramificaciones de tal acontecimiento serían nefastas a escala global. En primer lugar daría el puntapié inicial a una carrera nuclear en una de las zonas más inestables del planeta: El medio Oriente. Además de dar a Israel una buena excusa para blanquear o desarrollar su potencial nuclear, pronto las naciones islámicas árabes más poderosas buscarían su propia bomba, para contrarrestar el poderío persa. En segundo lugar, un Irán Nuclear provocaría una estampida en precios del crudo, que se dispararía a niveles insospechados. Y por último –y más grave aún-, sería la posibilidad que organizaciones terroristas accedan a través de Irán a éste tipo de Armamento de enorme poder destructivo.

Ese breve panorama nos demuestra claramente que las pretensiones imperialistas y desestabilizadoras de Irán no deberían encontrar complicidad o simpatía en nuestro Continente.
Además de la búsqueda de Justicia por los hechos de la A.M.I.A., la cooperación con la actual administración radical y fundamentalista iraní significará sólo un mundo más peligroso e inseguro.

Resulta difícil entender qué motiva a Chávez para apoyar a éste régimen, quizás sea la simple razón de molestar a su archienemigo en la retórica, los Estados Unidos de Norteamérica. Pero más allá de las cuestiones internas que determinan al líder bolivariano a ofrecer su “amistad” al tiránico régimen, lo real es que resulta funcional a un gobierno liderado por una persona cuya irracionalidad le ha llevado a afirmar que el estado de Israel “debe desaparecer del mapa”. Cuanto de ésta afirmación es realidad y cuanto mera retórica propagandista es sin dudas difícil de desentrañar, más no podemos darnos el lujo de esperar para averiguarlo en los hechos.

Es por ello que nuestro país, que mantiene una relación de amistad y cercanía con Venezuela, tiene la oportunidad histórica de encabezar la tarea de expulsar todo tipo de influencia del fundamentalismo radical islámico de nuestro continente. Valiéndose de su especial relación diplomática con la republica Bolivariana, sería importante exigir una activa cooperación en el esclarecimiento del atentado terrorista de 1994, solicitando a Venezuela una definición clara y pública de solidaridad para con nuestra Nación y que condene la falta de colaboración iraní en la investigación por la A.M.I.A.  Si Venezuela se declara a sí misma amiga de Argentina, debe abstenerse de cooperar con quienes entorpecen la acción de la justicia de nuestro país o al menos instar fuertemente a su nuevo amigo para que deje de propiciar la impunidad.

Si bien nuestra Nación respeta las decisiones soberanas de cada país en materia de política exterior, la superlativa gravedad de éste caso requiere una más agresiva postura en aras de “aislar” a Irán hasta tanto no se decida a entregar a las autoridades locales a los sospechados de terrorismo. No hacerlo sería resignarse a la impunidad y a la obstrucción deliberada en la acción de la justicia.

Los hechos de la embajada de Israel y la A.M.I.A. nos colocaron a todos los argentinos en condición de víctimas del terrorismo. Seguramente la gran mayoría de la comunidad internacional respaldará una más enérgica política destinada a esclarecer aquellos repudiables y lamentables atentados. Ello nos da la autoridad moral para persuadir a la totalidad de las naciones de Sudamérica a tomar una postura unida y firme en respaldo de nuestra exigencia de Justicia y Verdad. El pueblo venezolano y el pueblo brasilero no pueden darnos la espalda a los argentinos en ésta tarea: quizás mañana sean ellos mismos víctimas de la brutalidad terrorista.  El atentado en Uganda del pasado domingo atestigua que el terrorismo sigue operando. Es necesario actuar ya: Argentina puede y debe ponerse a la vanguardia en ésta parte del Mundo en la lucha contra el terrorismo. La justicia y la memoria de nuestros muertos en dichos atentados así lo exigen.

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