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Pagan derecho de piso para filmar

Contrario a los asaltos que han padecido las producciones mexicanas en sus oficinas o cambios previos al rodaje a causa de las condiciones de seguridad, en el set no ha pasado nada.

En parte porque casi siempre hay una patrulla cuidando a la filmación, previo pago de 3 mil pesos por día.

“Antes era hablar con el jefe de zona y de ahí ver qué se podía hacer”, recuerda el productor Omar González.

Pero a veces, las producciones han tenido que pactar con los habitantes de la colonia, para evitar problemas.

Así ha sucedido con Amores perros, a quien asaltaron mientras se checaban locaciones antes del rodaje; Vaho, de Alejandro Gerber, y Ciudades oscuras, de Fernando Sariñana, hasta a quien llegó un joven para decírle que la seguridad contratada para la locación no servía, al tiempo que le mostraba una pistola que portaba.

“Entonces dije, ok, creo que tiene razón”, recordó en su momento Sariñana.

La vida en el set

Omar González ha sido responsable de cintas como Fuera del cielo, de Javier Patrón; De la infancia de Carlos Carrera y Mar muerto, de Ignacio Ortiz, estas dos últimas a estrenarse a fines de año.

Con Mar Muerto, precisamente, le tocó dos hechos anecdóticos: ver un hecho violento y otro de corrupción.

El primero sucedió mientras se filmaba atrás de la Catedral Metropolitana.

“Estábamos en rodaje nocturno y a media cuadra de donde estábamos se suscitó el asalto a una discoteca. Hay balazos y nos damos cuenta de ello.

“Una de esas personas corre hacia nuestra locación, en cuya esquina nos dímos cuenta lo esperaba otro auto, entonces nuestra gente de seguridad lo detuvo. Fue rápido todo, llegó la policía y se llevo a esta persona, pero el miedo que nos dejó, ya estaba, no es fácil ver que pasen cosas así cerca de uno”, cuenta González.

La otra anécdota fue cerca de Tepito. Para que no tuvieran problemas con los vecinos, hacían lo que se les pedía.

“Llegó un tráiler robado a descargar mercancía. Nos dijeron: dennos media hora y le siguen. Nosotros no dijimos que no, por supuesto”, recuerda Omar.

En Espinas, filmada en la colonia Guerrero, el director Julio César Estrada vivió algo especial: un grupo de chavos llegó con mochilas que en lugar de libros llevaban armas. Se las querían vender.

Luego le dijeron que si alguien le caía mal o le hacían algo, por mil pesos le desaparecerían el problema. Pactó.

“Lo que hicimos era hacernos sus amigos para que todo fluyera”, narró.

Una película que pasará a la historia en el tema de inseguridad es Backyard: el traspatio, de Carlos Carrera.

Rodada en locaciones de Ciudad Juárez, el filme era una olla de presiones.

Principalmente porque a la productora le llegaron amenazas, a grado tal que días antes de iniciar rodaje, se sostuvo una votación para saber si seguía o no.

“De momento hubo paranoia”, consideró Carrera en una entrevista.

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