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El arte descabellado de Gabriel de la Mora

El estudio del artista Gabriel de la Mora parece por momentos un antiguo gabinete médico: hay pelos, frasquitos y cajitas, tubos, huesos, guantes, muestras de sangre. También figuran sopletes, lienzos, goma de borrador, basura de lápiz, pinturas, pinceles, obra suya clasificada y guardada, un pequeño cuadro antiguo de un paisaje y una frase en la pared que dice: “Interpretar es ejecutar”.

En la mesa están puestos seis cuadros donde De la Mora pinta, con apoyo de sus ayudantes, una pieza que tendrá 1968 capas de pintura, como referencia al año en que se decretó la muerte de la pintura. “Creo en la posibilidad de explorar y explorar, por más que sigan dictando el fin de la pintura; eso sería como dictaminar el fin de la humanidad”.

En ese año de 1968 nació este artista colimense. Arquitecto de profesión, De la Mora comenzó a crear arte después de 1993, cuando concluyó su maestría en Artes en el Pratt Institute de Nueva York. Su obra tiene como punto de partida el arte conceptual. Pero para él, hacer arte no es sólo el resultado, la pieza terminada; el proceso, el registro del mismo, la acción son el arte en sí. Y esa acción a menudo transcurre entre técnicas diversas, con una meticulisidad que no acepta el error, con un disfrute por sentir los materiales y asistir a su transformación.

Alrededor de 15 años como artista se reúnen en el libro Pulsión y método. Gabriel de la Mora, una edición de Turner, con textos de Willy Kautz, Robert C. Morgan, Miguel González Virgen y Gibert Vicario, así como una entrevista con el artista realizada por María Minera. Este sábado 18 de junio, a las 12 horas, la publicación será presentada en la sala Gamboa del Museo de Arte Moderno, con las participaciones de Kautz, Minera y el artista.

La doble imagen que abre la publicación, pulsión y método es muy acertada para De la Mora: “Pulsión va ligada al instinto, y el método es el camino para llegar a un lugar”.

¿Qué es el arte?

La idea del libro surgió en 2007 al presentar la exposición Brújula cuestiones; la publicación buscaba cerrar una etapa. Pero se fue modificando y ahora da cuenta de esa y otras muestras, además de las series de dibujos de pelo, papeles quemados, papeles borrados, videntes e invidentes, mesas, y algunas piezas recientes, como sus intervenciones en fotografías. El recorrido da cuenta de un sutil paso de la figuración a la abstracción; no es cronológico, pero evidencia la evolución de De la Mora.

“Mi definición actual de arte es que el arte ni se crea ni se destruye, tan sólo se transforma, es paralelo al proceso de la energía; me interesa cómo un proceso de destrucción genera uno de construcción. Quiero en mi trabajo encontrar un balance de lo formal y lo conceptual”.

Para De la Mora no se puede hablar de pintor, dibujante, escultor, performancero; se es artista y la idea es la que se encarga de demandar a ese artista el tipo de técnica a qué acudir.

A partir de que hace obras que a veces desconocen los límites entre una y otra técnica, muchos le llaman multidisplinario, pero De la Mora elude ese tipo de etiquetas:

“Cada persona te pone una etiqueta distinta: dicen que soy contemporáneo, que soy pintor, visual, plástico, conceptual, multidisciplinario. El arte es algo más general, no es un técnica. El arte es una pregunta y la obra una respuesta. Soy un artista que básicamente trabaja con ideas y conceptos y cada idea o cada concepto te pide una técnica distinta. Hay un proceso, un trabajo, muchas obsesiones. Ahorita el trabajo se sintetiza, pero son acciones donde existe un proceso que está documentado”.

Sistemático, con la obsesión por la repetición y el trabajo con y sobre los materiales, De la Mora elimina la pieza si hay un error y vuelve a intentarlo hasta hallar el dibujo preciso con miles de cabellos, o el color y la forma de una escultura que nace de una hoja de papel blanco y que el fuego transforma en su opuesto: negra, eterna como lo es la ceniza, aunque frágil.

Siempre hay un proceso en sus piezas, “algo como ready made”, explica. Por ejemplo, su serie de dibujos de pelo que inició como una pieza, terminó en una técnica y ha evolucionado; y aunque ahora las obras le demandan otras técnicas, aquella exploración no ha terminado: “todavía no he llego a donde quiero llegar”, dice.

Hoy en día, comenta De la Mora, en el arte cuestiona la imagen y la narrativa, y se ha alejado de eso:

“Figuración y abstracción me atraen mucho. Aunque la sensación que me daba era que la figuración siempre estaba ligada con una narrativa, con un rostro, es algo más fácil de digerir. Lo que me encanta de la abstracción es que toda persona va a verlo de una manera distinta, un poco como pasa con el color, que todos lo percibimos de manera diferente, hasta los ciegos. Lo que busco últimamente es la abstracción porque tiene muchas posibilidades: manejas la materia, el proceso, el color, te vuelves más simple, pero a la vez más complejo, minimal; llegar a un resultado simple, a la nada es lo más complejo”.

La noción del tiempo

Para crear una pieza, De la Mora se puede llevar varios meses; en un cuadro puede estar dos semanas para dejar capas sobre capas.

El objeto aquí, asegura, es explorar la transformación de la obra y la noción de la pieza única.

“Para mí, el arte es también una pregunta: ¿El arte es el objeto o es el acto de pintar o es la idea o es el concepto o es el registro? Me gusta cuestionar en el estudio, donde quizás la obra es el registro. La pregunta se resuelve durante el proceso. El arte va ligado con ideas, pero también con el trabajo, la técnica y la factura.

-¿Cómo llegas a esa idea de que el arte sólo se transforma, que no se construye ni se crea?

-Me interesa mucho la energía, pero, por otro lado, cómo el destruir puede iniciar otra pieza. El arte siempre va a partir de algo, de un lienzo, de una pintura, no las hiciste tú, las estás tomando, se van a juntar y se van a transformar en algo. El arte no parte de cero, siempre parte de una idea, de un material o de algo.

La originalidad es otro de los asuntos que ahora trabaja Gabriel De la Mora y que dio tema a su exposición titulada Originalmente falso, que este año presentó en la galería OMR.

-¿Sientes que se mantiene en el arte la obsesión por la originalidad?

-La originalidad es muy cuestionable, pero no creo, como piensan otros, que el hilo negro no lo vas a descubrir. Existen varias preguntas, por ejemplo: ¿por qué el arte busca ser original? ¿qué nos hace originales? Lo más importante es encontrarte a ti mismo, pero eso es lo más difícil.

– ¿El método es el camino de la transformación?

-Cada uno tiene un camino distinto. Soy un artista que trabaja con ideas y conceptos y cada pieza requiere una técnica diferente. El estilo no es la fórmula repetitiva; si encuentras el hilo conductor entre dos cosas distintas y sientes el lugar de dónde salió eso, para mí ese es el estilo.

-¿Qué lugar ocupa el azar en las obras que realizas?

-Normalmente se dice que el artista tiene el control de las piezas. Hay piezas sí más controladas, pero siempre va a haber un punto que no puedes controlar. La más al azar que he hecho es la de los papeles quemados, la transformación de un papel blanco a una estructura negra, irregular, y sus contrastes. Es la fragilidad extrema.

Me encanta buscar nuevos materiales, la parte de la fragilidad es un elemento que se ha incorporado más y más a mi trabajo, el trabajar con el pelo, la sangre; me encanta manejar con resultados de acción-destrucción, con residuos humanos o sintéticos; la línea de lo duradero y efímero, la energía de esos elementos, el sentido de reliquia de otros, el aire, el fuego, la roca… son elementos con posibilidades de transformación. Entre un elemento y el resultado casi siempre hay un paso: quemar, pintar, dibujar con el pelo. Un paso que hace que la pieza se desdoble a otra cosa diferente.

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