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Tristeza en Oslo

La vida de la capital noruega se ha transformado para siempre. Los lamentables acontecimientos del viernes han sido recibidos con consternación por los ciudadanos de una de las capitales del mundo reconocidas por su civilidad, honestidad y honorabilidad. Por primera vez desde el final de la II Guerra Mundial, soldados fuertemente armados sustituyeron a los policías sin pistola para patrullar las calles de la conmocionada ciudad.

 

En cada momento, Oslo recupera un poco de tranquilidad; los ciudadanos salieron ayer a la calle, un día después de concentrarse frente a la catedral en un interminable río de personas que tenía un común denominador: la tristeza de haber perdido a compatriotas en un absurdo y violento momento; de haber perdido la tranquilidad habitual, en un país donde la violencia es noticia por lo extraño de un acto de esa naturaleza.

 

La capital Noruega está deseosa de dar a conocer al mundo sus avances económicos. Al llegar a Oslo, lo primero que se puede ver es la gran cantidad de grúas que trabajan cerca de la ópera construyendo el nuevo libramiento, pero también reformando el rostro de la capital, que no requiere mucha ayuda, pues es generoso en arquitectura y lugares de interés.

 

Más de 100 mil personas transitaron el lunes en silencio y con una flor en la mano el camino hacia la catedral, que queda sólo a dos cuadras del lugar de la explosión. Todos iban en silencio, se saludaban unos a otros, cruzaban miradas, se abrazaban y juntos retomaban la marcha hacia la catedral, con el único fin de depositar una flor en señal de duelo y solidaridad.

 

 

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