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Maratón Guadalupano Acuático

Este maratón acuático se ha convertido en el evento de aguas abiertas de mayor tradición en México, así como el que reúne el mayor número de competidores.  Los entusiastas tritones mexicanos e internacionales se dan cita cada año en las maravillosas aguas de la Bahía de Santa Lucía por el gusto de nadar y competir, mientras otros más, son movidos por la fe en la Virgen Morena y cumplen esta travesía.

Su historia

Las personas que fueron parte del primer Maratón Guadalupano cuentan que a raíz de que el banquero Aníbal de Iturbide y los empresarios Manuel Senderos y Carlos de la Lama, provenientes del D.F., tuvieron a bien el proyecto de mandar a erigir la imagen en bronce de la Virgen de Guadalupe como Reina de México y de los Mares, para posteriormente depositarla en su altar marino, que hoy en día se localiza bajo las aguas de la piedra de la Yerbabuena, allá por el rumbo de la Isla de la Roqueta.

El citado proyecto próspero y se levanto la estatua de la Santísima Virgen Morena, la cual se realizó en el D. F. en el año de 1958. Al estar terminado el trabajo, ésta fue llevada al Puerto de Acapulco al interior de la Catedral de Nuestra Señora de la Soledad para que el Pueblo Acapulqueño la venerara y por ojos propios vieran esta obra maestra.

En el recinto de la Catedral de Nuestra Señora de la Soledad fue velada y admirada por los residentes locales, así como el turismo nacional y extranjero y fue precisamente el día 12 de Diciembre de 1958, a las 12:00 horas, cuando el párroco Jorge Parra Martínez, ofreció una misa solemne para despedir a la regia figura de Nuestra Santísima Virgen de Guadalupe, pero al salir con ella rodeada por miles y miles de feligreses y ya estando en la explanada del Jardín Juan N. Álvarez del Zócalo, el cielo en esos momentos ya estaba completamente nublado y de repente se soltó un fuerte aguacero como si estuviera en épocas de lluvias y ni así los feligreses se retiraron del lugar, al contrario acudió mucha más gente, que a una sola voz entonaban cánticos a venerada Virgen. Un dato curioso es que era tanta la emoción de los presentes que mucha gente dejaba escurrir sus lágrimas porque decían que el cielo estaba llorando, la despedida de la “Morenita”.

Aún con el fuerte aguacero, la estatua de la Virgen fue llevada al Malecón Fiscal,de ahí la subieron a un lanchón para transportarla con rumbo a su lecho marino, en dónde fue sumergida y colocada en un pedestal al fondo del mar por los buzos Alfonso, Regis Arnold y Hilario “Perro Largo” Martínez Valdivia, éstos dos últimos ya fallecidos. Desde aquél 12 de Diciembre de 1958 la “Reina de los Mares” se encuentra en su recinto marino.

 

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