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Un buen libro para compartir

Carlos Granés flamante ganador del Premio Internacional de Ensayo Isabel Polanco, en su tercera edición de 2011, El puño invisible. Arte, revolución y un siglo de cambios culturales, de Carlos Granés Maya, es, de entrada, una obra sorprendente por su ambición, pues abarca toda la prolija y compleja historia de la agitación cultural de vanguardia del siglo XX, incluyendo en ella los movimientos epigonales de la misma hasta prácticamente la actualidad, dentro de esa alargada vaguada que hemos dado en llamar nuestra era posmoderna. Con sólo el enunciado del tema abarcado por Granés Maya, la perspectiva de su investigación es, cuantitativa y cualitativamente, abrumadora, pero lo verdaderamente asombroso es cómo ha logrado hacer viable su lectura, ya que el libro resultante, que consta de medio millar de páginas, mantiene viva la atención sin que el interés decaiga en ningún momento. Es obvio, por tanto, que está muy bien escrito según el patrón del mejor ensayismo anglosajón, cuyas principales cualidades podríamos resumir como la suma de capacidad de síntesis, claridad expositiva y un formidable ritmo narrativo, que engancha y transporta al lector no especializado de la primera página a la última.

A inicios del siglo XX, en la apacible y neutral Suiza, convivieron dos grupos revolucionarios: los primeros —bajo la férula de Lenin— se proponían transformar la sociedad, la economía y la política; los segundos —agrupados en el dadaísmo— se preparaban para alterar las mentes, las costumbres, los valores y la forma de vivir de las personas. ¿Cuáles fueron los desenlaces de esas revoluciones? La socialista se derrumbó en los años ochenta tras la caída del Muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética. La segunda, la de las vanguardias, se enfrentó a un destino paradójico: a pesar de que cada una de las batallas utópicas condujo a la derrota, sus acciones lograron imponerse y ganar adeptos.

La revolución y la invitación a vivir la vida como si fuera una eterna fiesta, una soireé turbulenta y excitante, son los temas que explora el autor de El puño invisible, además del impacto de las vanguardias en sociedades cada vez más ávidas de experiencias fuertes, espectáculos emocionantes, aventuras transgresoras y actitudes rebeldes.

«Por la importancia del tema, la amplitud y la profundidad de la documentación y la creatividad con que la maneja, por la calidad de su escritura —rica, amena y apasionante—, el jurado consideró que Carlos Granés Maya debía ser ganador con el Premio Internacional de Ensayo Isabel Polanco 2011.»

En fin, es casi imposible sintetizar toda la urdimbre de acontecimientos con que Granés Maya traza su gran relato sobre el revolucionario cambio cultural vivido en nuestra época, cuyo “puño invisible” ha golpeado nuestra identidad hasta el aturdimiento. Se trata, en todo caso, de un relato que admirablemente se sostiene en pie aun en el filo de la navaja o en la cuerda floja de un momento histórico como el del presente, el cual se ha autodefinido como el de la “crisis de los grandes relatos”. Si ha podido lograr salir victorioso en el empeño es quizás porque Granés Maya ha optado por asumir el punto de vista de las historias en vez del de la Historia, el del seguimiento de la diseminación en vez del restablecimiento de un orden central normativo, lo sinuoso en vez de lo cursivo. Por lo que si la aventura vanguardista termina donde empezó, no puede decirse que esta deambulación histórica haya sido sólo una “crónica de una muerte anunciada” o, si se quiere, no, al menos, una muerte de la conciencia crítica, ese despertador de las ilusiones.

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