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La Esquina del Blues y otras músicas.

 

El sábado 11 de febrero México recibirá la primera visita de la banda londinense de indie rock, Bombay Bycicle Club, agrupación que en la ceremonia de entrega de los premios NME (New Musical Express) de 2010, fue reconocida como la mejor nueva banda y que se impuso sobre otros grupos como La Roux, The XX, The Big Pink y The Oliveers and Mumford & Sons.

 

El cuarteto conformado por Jack Steadman, Jamie MacColl, Ed Nash y Suren de Saram es considerado como una de las principales bandas en el escenario del indie rock y en su próxima actuación  presentará algunas de las mejores piezas de su tercera y más reciente producción discográfica “A Differente Kind of Fix”, de 2011, en la que se aprecia una mezcla de sonidos que abarcan desde el rock alternativo al folk, con melodías pegajosas y ritmos elaborados, como se ilustra en el track “Shuffle”, primer sencillo de este material, y que fue elegido como sencillo del año por la BBC de Londres.

 

Los boletos están a la venta con precios que van desde $300 hasta $500 pesos y están disponibles en la taquilla de El Plaza (Juan Escutia Núm. 4, Col. Condesa, delegación Cuauhtémoc, frente al parque España), y a través del sistema Ticketmaster.  Echa un vistazo a uno de sus videos en: http://www.youtube.com/watch?v=MgvBmEmtF-I&feature=player_embedded#!

      

 

Yo maté al Principito

 

Para los amantes del teatro, por breve temporada hasta el 19 de febrero,  se presenta en el Teatro Salvador Novo del Centro Nacional de las Artes (Río Churubusco 79, esquina Calzada de Tlalpan), la obra Yo maté al Principito, pieza en la que Harif Ovalle se inspiró a partir del escritor y aviador francés Antoine Marie Jean-Baptiste Roger de Saint-Exupéry.

 

En esta obra, el actor y balilarín Ovalle a través de la compañía “Teatro que danza”, desarrolla un lenguaje corporal que sirve de motor para la dramaturgia y pretende la conjunción de nuevas técnicas actorales y corporales.

 

Esta historia se presenta en tres diferentes planos: un piloto nazi que recuerda los pasajes más emblemáticos de El Principito; el propio Saint-Exupéry, que reflexiona sobre la relación amorosa entre los personajes de su obra, y La Rosa, que añora el amor del pequeño príncipe.

 

Este montaje se pensó como una propuesta de teatro físico ya que permite una experiencia quinestésica. “Toda obra se dirige al intelecto del espectador, a sus sentidos, a sus emociones pero también a su sentido quinestésico. La virtud de tomar como punto el movimiento es que permite al espectador hacerlo danzar también”. La intención es que la obra le permita al público reflexionar sobre su propio sentido de la vida.

 

“Me gustaría que el espectador se llevara la sensación de volar porque para Saint-Exupéry era lo que le brindaba un pleno sentido a su existencia, y como piloto creía que a partir del hecho de elevarse podía estudiar el comportamiento del hombre y reflexionar sobre sí mismo”, concluye Harif Ovalle.

 

 

 

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