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Maguey, la octava maravilla

“Raso (maguey le llaman) vegetable

de esta parte del Cancro lleva el suelo,

planta a su dueño tan usufructuable

cual concedió a otra tierra ningún cielo;

los del tiempo asaltos indomable,

dúra al sol, dúra al agua, dúra al hielo;

su corazón lo diga alado a pencas

de aguas arcas más que las Flamencas.


Su tronco neto el pleno abarque impide

de brazos dos, en bicodal altura;

su herido corazón, licor despide

que al de Hibla no le envidia la dulzura;

asado, electo pasto al gusto mide:

agradecida planta, fiel criatura,

pues al que a ningún costo la cultiva

no sabe –aunque la tuesten- ser esquiva.

 

Tres potables le brinda: uno, es el vino

que –cuando la alquitara le resuelve-

sabe correr por aguardiente fino;

su castigada hoja, en hebras vuelve

hilo, si no de asiento, de camino;

de afán y frío en el hogar absuelve:

y al fin, sobre otros mil usos, al dueño

sirve de vino, agua, dulce y leño.


…Deba en mi estilo y en mi pluma deba

a la Virgínea Madre aquesta fama

el para-todo de la España Nueva:

sepa la Antigua, de raíz, la trama

del Lienzo estéril donde tanta lleva

florida copia de Jesé la Rama,

que de corteza a flor, milagros tupe

en su imagen del Nuevo Guadalupe”

 

Fragmento del poema “La octava maravilla”

De Francisco de Castro (1618- 1687)

Sacerdote y poeta español.

 

Los Otomies son el pueblo indígena de México que se ha encargado de preservar la cultura del maguey, su cosmovisión aún rinde tributo a los ancianos, la luna  y dioses, si es necesario adoptan hábitos para recibir los beneficios de esta planta, la cual han sabido aprovechar en su totalidad. Algunos de ellos, aunque siguen vigentes en zonas rurales, en las zonas urbanas son poco conocidos. 

Entre los usos que le da este pueblo, se encuentra la utilización de hojas como combustible;  las hojas  que se obtienen después de podar un maguey se dejan secar, una vez secas se pueden utilizar en la cocina ya que prenden fácilmente debido a su escaso grosor. Las hojas de maguey producen mucha ceniza, sin embargo esta es  otro recurso que utilizan para -después de tirarla en un lugar especial- colocarla en la base de los nopales, evitando así que se formen en estos los llamados gorgojos.

Otro beneficio que brinda esta planta a sus dueños, es que después de podar los magueyes (a los dos o tres años) con las hojas buenas se pueden construir techos. Las hojas se dejan secar por un periodo de ocho a 10 días; lo que las dota de una flexibilidad y resistencia similar al cuero, no se rompen. Después  de colocar los soportes en los que se pondrán las hojas, estas se cortan por el centro y se le quitan las espinas de los bordes, antes de entrelazarlas en el techo. 

Existen dos tipos de entrelazados, el primero se conoce como “mitades”, en él se cortan las hojas por la línea central todo lo largo de la hoja, este es un trabajo muy fino y hábil,  y llega a 20 o 30 años de duración. El segundo en un trabajo más burdo y sencillo, que perdura por 10 años, lleva de nombre “enteros” y en él sólo se cortan las partes gruesas de la hoja.

Los techos de hojas de maguey suelen ser muy frescos, sobre todo en épocas de calor o lugares de climas secos es ideal para refugiarse. Incluso, algunas personas forman las paredes de su casa con este material. La desventaja que ofrece este tipo de construcciones es que en ella suelen alojarse diversas especies de arañas, ciempiés o la víbora chirrionera.

Los techos son funcionales tanto en épocas de calor como de lluvia, ya que el agua penetra en la hoja mojando la fibra de ixtle en su interior, con lo que se hace más fuerte que antes. Cuando las hojas son colocadas correctamente, una sobre otra, el techo no gotea aunque llovizne toda la noche.

El tronco de maguey también es aprovechado por los pueblos rurales, una vez que se sacan del suelo se eligen los mejores, los cuales tallan y son convertidos en bancas, otros suelen ahuecarse para convertirlos en macetas e incluso son utilizados para atraer a las abejas y éstas formen sus colmenas en los troncos.

Por otra parte, la fibra que se obtiene de las hojas, también permiten formar los ayates; estos son parecidos a lo que actualmente se conoce como zarape. En los pueblos son las mujeres las que se encargan de hacer este tipo de trabajos como un arte fino, pues lo hacen con entusiasmo para que, según sus creencias, salga bien. Los ayates se hacen con cuidado, tejiendo pequeñas partes a la vez para ver cómo va progresando.  Estos tejidos,  cuando se portan cruzados son símbolo de elegancia, y al ser usados así también denotan y presumen su calidad.

Este tipo de tela también se realiza cuando se le va a presentar una ofrenda a alguien, y su uso por primera vez es exclusivo para el motivo para el que fue hecho, una vez pasada la ocasión, se puede utilizar regularmente. A las niñas, desde pequeñas se les inculca la realización de los ayates. Algunos quedan toscos, otros regulares, y algunos muy finos,  estos últimos son utilizados para dormir a los niños. Cabe mencionar que la imagen de la Virgen de Guadalupe, fue realizada sobre un ayate.

Respecto al ámbito gastronómico se puede presumir el quiote rostizado. El quiote es la planta que surge del centro del maguey y alcanza una altura de aproximadamente cinco veces el tamaño de éste. Para su preparación es preciso dejarlo crecer completamente y permitir que de flores. El quiote se debe cortar antes de que dé flores en la parte superior pues esto es señal de que está tierno, debido a que aún no se le forman fibras correosas por dentro. Para prepararlo se hace un hoyo en el suelo el cual debe contener algunas piedras, en el hueco se enciende fuego y una vez extinguido éste, se echan pedazos de quiote, permitiendo que se cocinen con el puro calor de las piedras. El quiote rostizado es un manjar muy valorado en los pueblos, pues tiene buen sabor y es muy bueno comerlo.

Estos son algunos de los usos de una planta típica en el país que son poco conocidos. Pues hay algunos otros que tenemos cerca como la utilización de la hoja de maguey para la barbacoa, el gusano de maguey, y por supuesto el aguamiel obtenida de este gran fruto orgullosamente mexicano.

Fuente: Salinas Pedraza, Jesús. MAGUEY, “Elogio del Maguey”. Etnografía del otomí (fragmentos). Artes de México Núm. 51.

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