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Mente sana en cuerpo sano

Si bien es cierto que nada es más sano que hacer ejercicio, mantener el cuerpo activo y con eso optimizar el funcionamiento del mismo, también lo es que, si no lo hacemos correctamente o de acuerdo a nuestras características, puede lastimarnos o interferir en el natural funcionamiento del organismo.

Ante cualquier actividad vale reconocer nuestras capacidades, condiciones, peso, fisionomía, sexo y edad, por ejemplo. De suerte que toda dinámica que emprendamos nos resulte benéfica, dado que no tendrá en el cuerpo el mismo efecto una actividad de alto impacto en un joven, en niño o en un adulto; así, según las diferentes etapas de la vida, la actividad física debe adaptarse, aumentando su eficacia y evitando riesgos físicos.

En la vida adulta hemos aprendido ya a conocer un poco nuestro organismo, pero en el caso de nuestros hijos, sólo los motivamos a mantenerse activos o ellos buscan imitar nuestra forma de ejercitarnos, sin embargo, debemos poner atención en la clase de actividades que realizan nuestros niños, ya que el sistema de un niño resulta más delicado al estar en proceso de crecimiento.

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El cuerpo humano tiene una estructura integrada por múltiples y complejos sistemas, aparatos y órganos, cada uno con funciones específicas para su óptimo desarrollo. Con el ejercicio se activan mecanismos que ayudan a coordinar la acción de huesos, músculos y tejidos, por lo que al realizar alguna actividad física constante, el sistema nervioso y neuromuscular también se perfeccionan.

Así, mediante ejercicios adecuados se facilita el desarrollo funcional de los niños, pero vale ser muy precavidos, pues ejercicios de fuerza y resistencia son perjudiciales hasta ciertas edades, porque conllevan a la osificación antes de tiempo y detienen el crecimiento, también existe la posibilidad de desviación de la columna vertebral, por eso los ejercicios para niños deben ser muy dinámicos.

Durante los primeros años de vida los niños realizan movimientos de forma inconsciente, lo que se conoce como actos reflejos, en esta etapa su capacidad motora se desarrolla de forma espectacular. De este modo, en pequeños de 0 a 3 años debemos fomentar la experimentación, con actividades en las que pueda tocar y sentir objetos distintos mediante el movimiento, en esta etapa la natación es un ejercicio recomendable.

Entre los 3 y los 7 años lo que el niño quiere es divertirse, correr, saltar: gastar energía. Los chicos pueden aprender a andar en bicicleta, bucear, escalar e incluso algún tipo de arte marcial, casi cualquier deporte puede servir para los niños pequeños; deben salir a jugar, el deporte debe ser ante todo diversión, no se debe entrenar la fuerza, el ejercicio físico debe ser diario, con intensidad media y una duración de más de una hora.

De los 8 a los 12 años los niños son más estructurados, se produce un tránsito del juego libre al organizado y se involucran más en deportes en equipo o con metas en particular. Sus intereses son más amplios de la misma forma que su preparación física, aunque el sistema motriz no se ha desarrollado en su plenitud, pueden practicar actividades de mayor complejidad en los que adiestren el dominio de la movilidad de su cuerpo, como básquetbol o futbol.

En las etapas de adolescencia y postpubertad, las capacidades físicas van alcanzando progresivamente su máximo desarrollo, por lo que es recomendable todo tipo de actividad física y deportiva, idealmente las que pueden seguirse practicando toda la vida, para que exista una continuidad de este hábito. Debemos privilegiar los ejercicios de flexibilidad en los deportes y actividades al aire libre, realizando 30/60 minutos de ejercicio, 4 o 5 días a la semana, con una intensidad de moderada a fuerte, según las características y el estado físico de cada chico.

A partir de los 25 años, cuando se entra en la etapa adulta, comienzan las pérdidas progresivas de las capacidades físicas y de la predisposición al ejercicio, pero una actividad física regular puede ayudar a frenar este proceso. Podemos centrarnos en ejercicios aeróbicos, dinámicos y de acondicionamiento muscular. Las actividades físicas adecuadas pueden ser trabajos cotidianos como subir escaleras, hacer trabajos que impliquen esfuerzo físico; pero deben ser complementados con ejercicios genéricos, de flexibilidad y coordinación. La frecuencia es la misma que en la etapa anterior, entre 4 y 5 días por semana, de 30 a 60 minutos y con intensidad media-alta.

En suma, el ejercicio físico adecuado, practicado regularmente es una herramienta de primer orden en la prevención de muchas enfermedades como la obesidad, la osteoporosis, depresión, diabetes, enfermedades cardiovasculares y respiratorias, disminuye el riesgo de padecer cáncer, aumenta la autoestima y agudiza la mente, entre otros numerosos beneficios a la salud física y mental.

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