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Muere Ray Manzarek

Por Roberto Ponce 

Ray Manzarek, autor del solo de órgano más famoso en la historia del rock en Enciende mi fuego (Light my fire), el hit que prendió la mecha del éxito del conjunto The Doors, murió hoy a los 74 años.

El tecladista dio vida a esta mítica banda junto con el vocalista Jim Morrison, cuando ambos estudiaban cine en la Universidad de California, campus Los Ángeles (UCLA).

El rubio Ray Manzarek fue tal vez el integrante de The Doors que más amó al cuarteto durante su corta trayectoria de cuatro años, en los que grabó seis álbumes. Esta carrera fue interrumpida por la muerte súbita del Rey Lagarto Morrison en París, el 3 de julio de 1971.

Manzarek se empeñó desde entonces en preservar el mito de Morrison a través de entrevistas o libros de memorias musicales (inicialmente con Enciende mi fuego. Mi vida con The Doors, 1998). Además, él también fue la voz cantante para “reformar” a The Doors, junto con el guitarrista Robbie Krieger, compositor del tema “Enciende mi fuego”.

“Ray era una parte importante de mi vida y siempre lo extrañaré”, manifestó Krieger, cuyo nombre apareció en los créditos de Enciende mi fuego como único autor de tal pieza, que incluía la introducción “circense” en la versión corta, y un largo solo a cargo de Manzarek en la versión del LP debutante de The Doors (puesto a la venta por Elektra Records el 4 de febrero de 1967).

Si dudamos, nena, saldremos perdiendo

Y nuestro amor acabará en una pira funeraria.

Acércate, nena, enciende mi fuego,

Incendiemos la noche en llamas…

Ray Manzarek se presentó en la Ciudad de México con The Doors (Morrison, Krieger y el bataquero John Dennsmore) por primera ocasión en el Foro de los Hermanos Castro durante cuatro noches de junio de 1969. El conductor televisivo Raúl Velasco describió la visita de The Doors en el diario El Heraldo de México (domingo 29 de junio de 1969): “Sí, Jim Morrison comenzó a gemir, a gritar, a adoptar la conducta de un esquizofrénico. Era evidente que estaba trastornado y que nos invitaba a su mundo de pesadillas. Sí, la música era estridente, pero no penetraba al sentimiento, sino que aturdía…” (Proceso 1613).

En 1991, Oliver Stone llevó a la pantalla grande la historia del grupo en su película The Doors, protagonizada por Val Kilmer, en el papel de Jim Morrison. No obstante, ahí no se recrearon esas tocadas mexicanas ni la presencia del conjunto en las pirámides de Teotihuacan.

Manzarek sí recordó la visita en su libro. Y escribió: “Fuimos a las pirámides de Teotihuacan y al magnífico Museo de Antropología, que habían abierto exclusivamente para nosotros. Una visita privada. Arreglada por Alfredo, el hijo del presidente Díaz Ordaz. Más o menos éramos un grupito de 15 jóvenes caminando entre el arte y las esculturas de una civilización antigua.

“La grandiosa piedra del calendario solar de los aztecas. El dios jaguar. La deidad serpiente. Todos unidos brillando, bañados de luminiscencias. Caminamos por sombras negras, una oscuridad ajena nos rodeaba con divinidades y gente perdida entre resplandores. Fue increíble. Quetzalcóatl estaba con nosotros. Kukulkán. Y la gigantesca serpiente emplumada. La víbora ancestral. Jim se hallaba en su propio elemento, en casa…

“Eran personajes que habían tocado las mismas imágenes interiores que Jim poseía. Universales. Muy de ofidios. Muy de Jung. Estar ante aquellas efigies pétreas me representó una de las experiencias más maravillosas de mi existencia…”.

Nota reproducida con la autorización expresa del semanario Proceso y de su autor Roberto Ponce

 

 

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