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De trenes y trenazos

Martha Chapa

Todavía nos conmueve, y con seguridad nos dolerá durante largo tiempo, el accidente de tren ocurrido el 24 de julio en Santiago de Compostela, España, donde murieron trágicamente 79 seres humanos y hubo un centenar y medio de heridos.

Pero también me inquieta sumamente el caso del conductor, quien con todas las agravantes de su irresponsabilidad criminal sigue libre y no ha sido enjuiciado de modo expedito.

Hay, asimismo, un punto esencial en la investigación que desde mi punto de vista no ha sido abordado, ya no digamos con profundidad, sino que se ha ignorado impunemente: la negligencia de la empresa, pues existían antecedentes que se debieron haber considerado, como los testimonios en la página de Facebook del propio conductor, donde hace algunos meses se jactaba de exceder la velocidad permitida.

Debe contarse, además, con los registros de la bitácora que de seguro obra en poder de la compañía, donde sería factible comprobar que se hacían recorridos en un menor tiempo a la duración reglamentaria, de tal manera que debió separarse del trabajo a todo aquel que hubiera incurrido en faltas tan graves, pues con esa conducta imprudente exponía la vida de miles de usuarios.

Sin quitar la responsabilidad imputable al conductor, es preciso también investigar a la empresa y a sus directivos para ahondar en los presuntos delitos cometidos. Y, desde luego, establecer medidas y normas que garanticen que nunca vuelva a ocurrir un accidente de esa magnitud. Ojalá no sólo en España sino en toda Europa y el mundo en general.

Por cierto, a lo largo del continente europeo se han producido en los últimos tiempos otros accidentes ferroviarios, lo mismo en Francia que en Suiza, Polonia o Hungría. Aunque hay quienes dicen que se trata de meras coincidencias, algunos analistas han atribuido esos hechos al deterioro del sistema de transporte provocado por la crisis económica que se ha agudizado en los años recientes, así como a las cargas económicas derivadas de las jubilaciones anticipadas y de las liquidaciones por despidos.

Aun así, tan sólo en Europa viajan más de cuatro mil millones de pasajeros por año. Un dato apabullante, sin duda, como lo es aquel que señala que la facturación anual del sistema ferroviario de la Unión Europea asciende a cerca de cien mil millones de dólares anuales, o el que indica que el sector genera empleo para ochocientas mil personas. La magnitud de estas cifras se agranda cuando nos enteramos de que se requieren 1.5 billones de euros para el periodo 2010-2030 por concepto de inversión en infraestructura frente a la demanda de pasajeros y de carga que se avecina.

De hecho, el tren como tal sigue siendo uno de los transportes más fiables, a excepción del aéreo, que es el más seguro de todos. Un dato que no nos consuela, si bien es indicativo de lo que conviene tener presente a la hora de viajar.

En fin, el de España ha sido un episodio tan lamentable que debe servir de experiencia suficiente para idear e implementar medidas preventivas. En ese ánimo, es muy importante emprender y conducir con urgencia un juicio sin miramientos contra las personas físicas o morales que estén implicadas en éste que es uno de los peores accidentes que se recuerden desde que se tendió el primer riel de un tren para que transitaran seres humanos de un punto a otro.

 

Junto al dolor y solidaridad que nos provoca este acontecimiento, expresamos la exigencia de que se castigue pronto y con rigor al o los culpables y se tomen medidas para que esto jamás vuelva a ocurrir.

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