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Fecundo 25 aniversario de Mujeres en Lucha por la Democracia

Ante la cerrazón política que prevalecía a fines de la década de los años ochenta en México, un puñado de valientes y lúcidas mujeres decidió crear una organización para luchar no sólo por la equidad de género en el ámbito de la política, sino para impulsar en general la vida democrática nacional.

Me refiero a Mujeres en Lucha por la Democracia, organización que cumple ya 25 años de trabajo ininterrumpido, con saldos muy positivos. Entre algunos de sus grandes logros podemos mencionar la incorporación de la fotografía en la credencial elector (que si bien ahora se nos hace de lo más normal, a principios de los años noventa todavía a muchos les sonaba descabellado); coadyuvar a la conquista de la equidad en el ámbito público; posicionar a las mujeres en los espacios desde donde se toman las decisiones para encauzar la política de México y, por supuesto, luchar incesantemente por una mayor apertura democrática.

Se trata de un movimiento que impulsa, promueve y desarrolla la participación política de las mujeres en la transformación democrática de nuestro país. Para conocer en síntesis su trayectoria, reproduzco un fragmento de su Declaración de Principios:

“El seis de julio de 1988, la vida política del país cambió radicalmente. Millones de ciudadanas y ciudadanos tomamos la decisión de ejercer nuestros derechos al votar. Ese día las mujeres mexicanas cambiamos, decidimos pasar de espectadores a actoras y construir una sociedad verdaderamente democrática.

“La poca claridad y lo dudoso del proceso electoral provocaron que a partir de entonces la sociedad civil tomara conciencia de la importancia de su participación en la vida política de la nación, por lo cual hiciera suyas las calles buscando modos alternativos de expresión. En un manifiesto publicado el día 8 de agosto de 1988, más de ciento setenta mujeres decidimos unirnos para exigir a los responsables de la calificación de ese proceso electoral, su estricto respeto a la voluntad popular. En ese contexto, al reconocer la fundamental contribución de las mujeres mexicanas al proceso histórico de nuestro país y tomando en cuenta que conformamos la mayoría de la población y del padrón electoral, decidimos crear un frente plural de mujeres por la democracia.

“Para nosotras, democracia no es una palabra más, pues ha significado una lucha constante, de todos los días, para reivindicar nuestra posición en la sociedad que dé por resultado la igualdad de oportunidades, con pleno respeto a la diversidad”.

Diez años después, Mujeres en Lucha por la Democracia cumplió los requisitos para obtener el registro oficial ante el Instituto Federal Electoral como una agrupación política nacional. Esto constituyó un salto cualitativo desde el punto de vista político y en términos de su presencia y facultades.

 

Desde su fundación y hasta la fecha, Mujeres en Lucha por la Democracia promueve valores como el respeto a la diversidad –es decir, el derecho a ejercer cada quien sus preferencias ideológicas, partidarias, religiosas, y sexuales–; la libertad y la exigencia para que las mujeres sean candidatas de elección popular, y en general a ocupar cargos públicos en las instituciones de gobierno, y la unidad de las mujeres mexicanas para que cristalicen sus aspiraciones legítimas.

 

En lo personal, me enorgullece pertenecer a esta agrupación y ser integrante de su Comité Nacional Operativo, que actualmente está encabezado por Patricia Ruiz Anchondo, recientemente ratificada.

Destaco, de igual forma, nuestra Séptima Asamblea Nacional Ordinaria, que celebramos los días 23 y 24 de agosto en el estado de Morelos, donde abordamos la revisión y modificación de algunos de nuestros estatutos para hacer más operativas y funcionales nuestras tareas, junto a los planes a desarrollar en el corto plazo, entre los cuales destaca la celebración de nuestro 25 aniversario.

Considero que en este emblemático aniversario se abre un espacio para reflexionar sobre nuestra lucha por la democracia, pues si bien hemos logrado importantes avances en estas dos décadas y media, esas conquistas deben ampliarse y profundizarse en toda la sociedad mexicana. Es preciso, sobre todo, extender nuestra acción hacia otros frentes del México actual, como la equidad social, dada la lacerante situación en que se encuentran muchas mujeres del país, además de que la violencia género y las actitudes discriminatorias aún persisten, a pesar de los avances.

Cumplimos, pues, un cuarto de siglo lleno de realizaciones, pero también de nuevos retos que debemos asumir en este México del siglo XXI.

 

 

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