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¿México gana o pierde con la paridad en las candidaturas?

La Asamblea General de las Naciones Unidas declara a 1975 como “Año Internacional de la Mujer”, y decide la realización de la Primera Conferencia Mundial Sobre La Mujer siendo México el país sede, donde se analizó la situación de las mujeres en el mundo entorno a los ejes temáticos de Igualdad, Desarrollo Y Paz, esta fue la primera reunión intergubernamental cuyo programa estaba dedicado a la mujer en la sociedad, y la primera en que prácticamente todas las delegaciones tenían mujeres entre sus miembros.

En ella quedó claro que las mujeres somos la mayoría de la población, y que plantear una realidad donde éste sector se encuentra excluido de los espacios de toma de decisiones era una constante que estaba muy alejada del modelo democrático que los países participantes querían alcanzar.

A casi 40 años de esta Conferencia, hemos avanzado de manera abismal en el contexto de la igualdad del hombre y la mujer dentro de un marco normativo tanto nacional como en instrumentos internacionales, pero nos falta lograr la Igualdad Sustantiva, es decir, real y palpable donde tengamos las mismas oportunidades de desarrollarnos de una manera integral.

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El liderazgo y la participación política de las mujeres es fundamental, tanto en el ámbito local como mundial. Las mujeres deben ocupar espacios en los puestos de toma de decisiones, ya sea en cargos electos, en la administración pública, el sector privado o el mundo académico.

Según cifras de INMUJERES de 2012 solo el 6.8% de las alcaldías del país estaban ocupadas por mujeres contra el 93.2 por hombres, y se había permitido que las cuotas de equidad de género que la ley marcaba se cubrieran con las suplentes.

México está pasando por un momento coyuntural, con grandes avances en materia de inclusión, respeto a la equidad de género y no discriminación, el pasado 22 de enero de este año, se emitió la declaratoria constitucional de la reforma político-electoral, que establece la obligación para los partidos de designar el 50% de las candidaturas a las mujeres y que estará regulado en la Ley General de Partidos Políticos.

El asunto no es una cuestión menor en un país que no ha invertido lo suficiente en el empoderamiento y capacitación de sus mujeres, donde la figura femenina ha tenido un rezago educativo, en salud y donde el mayor índice de pobreza lo ocupan las mujeres, ¿Tendremos realmente los suficientes cuadros para que las mujeres ocupen la mitad de los cargos de elección popular?, o ¿Veremos mujeres ocupando puestos donde se decide el rumbo que debe darse al Estado, sin tener la capacidad, solo por cubrir la paridad en las candidaturas? ¿Realmente México gana o pierde con la paridad en las candidaturas? ¿Con que parámetros se elegirán a las candidatas en los municipios marginados del país, donde la mayoría de las mujeres han sido segregadas de cualquier tipo de educación? ¿Es discriminatorio que una mujer no pueda ser candidata por no tener ningún tipo de educación, cuando ésta te da la posibilidad de tener criterios más amplios para lograr un desarrollo?

Antes de dar este gran paso, el Estado debió invertir verdaderamente en la educación de las mujeres para llevarlas de una situación de marginalidad y subordinación hasta una situación de autonomía y posibilidad de intervención en los procesos de decisión colectivos. La educación de una mujer tiene efectos multiplicadores y trae mejoras cualitativas en todos los niveles, tanto en ella como en los integrantes de su familia, por lo que el desarrollo de sus capacidades harán posible el acceso al empleo y la autonomía económica y al fortalecimiento de la confianza y autoestima en las habilidades propias. Objetiva y subjetivamente la educación crea las condiciones para lo que se ha llamado el “empoderamiento” de las mujeres, siendo el paso previo para la reducción de desigualdades.

El que se haya contemplado la paridad en la candidaturas dentro de la reforma político-electoral implica un gran avance pero también un gran compromiso, es un asunto medular que seamos mujeres lo suficientemente preparadas en todos los rubros, con los conocimientos necesarios para asumir con mayor responsabilidad las candidaturas, así como los cargos de dirección al interior de nuestros partidos, que con ideas y acciones visionarias participemos en la construcción de ciudadanía, reconociendo la diversidad, reduciendo las brechas de desigualdad, donde la mayoría de la población que vive en situación de pobreza extrema logre la movilidad social hacia la clase media, promoviendo el desarrollo del mercado interno, tener un claro panorama de la competitividad económica, política y social que México requiere para alcanzar un liderazgo regional y global, respetar al medio ambiente y el desarrollo sustentable, manejarse con transparencia a través de la rendición de cuentas de manera clara y precisa, y de esta manera respondamos a la confianza de los ciudadanos.

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