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Carta a mis hijos

Per aspera ad astra

Amadísimo Pablo:                                                                                                                        

Hoy estás en la puerta de una oportunidad maravillosa.

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De ti y sólo de ti depende el aprovecharla.  Te quiero decir algunas cosas que espero te sirvan.

Eres un muchacho que tiene algunos atributos que te hacen único y me hacen sentir orgulloso.  Eres inteligente en grado superlativo y tienes además un enorme corazón colmado de sentimientos buenos.  Es decir, eres un gran ser humano. Tienes además una extraordinaria habilidad física que se conjuga con el gusto para un deporte, que practicas y que haces muy bien.  Tienes todo para destacar en el.  Solo recuerda: “El único lugar en que “ÉXITO” está antes de “TRABAJO”, es en el diccionario.”  Quiere decir que has de trabajar muy duro para lograr lo que te propongas.  Esta carta empieza con una sentencia en latín: “per aspera ad astra” refiere que puedes alcanzar las estrellas solo por vía de un esfuerzo rudo y áspero.  Alcanzarás la gloria, Hijo, pero solo si trabajas duro y estás dispuesto a hacer cualquier sacrificio que se te presente.

A propósito: Sueña Alto.  Lleva tus sueños, anhelos e imaginación hasta la cima del Everest y persigue esos sueños y anhelos acompañados siempre de trabajo y disciplina.  Te garantizo que es la fórmula mágica para lograr lo que te propongas.  Tienes, a diferencia de muchas otras personas: inteligencia, bondad y talento.  Solo falta el trabajo, la disciplina y el hambre de llegar.

Se siempre Tu.  No cambies por moda o por imitación de otras personas.  Si has de seguir algún patrón de otra persona, fíjate e imita lo bueno.  De nada nos sirve copiar lo malo.  Tu tienes los principios inculcados para saber la diferencia.

Saluda dando la mano con firmeza y mira a la gente a los ojos. Es tu tarjeta de presentación. Denota seguridad, educación, amabilidad y personalidad. Recuerda que nunca hay una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión.

Sé respetuoso y obediente con tus superiores y cortés y amable con tus pares.  El trato con las personas te engrandece y te gana reconocimiento y respeto.

Haz lo que es correcto siempre, sin importar que piensen los demás. Te garantizo hijo amado, que eso te ganará el respeto de ti mismo.

Se puntual.  Es cortesía de reyes y hábito de gente bien educada.  El tiempo es lo más valioso que tiene una persona. No lo desperdicies llegando tarde y haciéndola esperar.

Comparte. No solo lo material, sino también tu alegría, compañía y tiempo.  Sin distraerte de tus cosas ni quedarte sin nada para ti, pero comparte.  Es tremendamente satisfactorio. Encuentra el placer de dar un poco de lo que uno tiene a manos llenas. 

Aprende a reírte de tus defectos y de tus errores.  Te será mucho más fácil el camino.  Eso se llama viajar ligero.  He aprendido pocas cosas en la vida que me han sido tan útiles como esta.

Defiende tus puntos y posiciones.  No se hace gritando ni alterándote.  Defiéndelos con convicción, con argumentos y con inteligencia. Defiéndelos contra quien sea.

Entrena fuerte.  Solo así ganarás un puesto.  Siempre habrá alguien mas talentoso que tu y sobre eso no puedes hacer nada. Pero no hay escusa, no tienes una sola excusa, para que nadie entrene más fuerte y mejor que tu. Dicen que si entrenas al 90% a la hora de la verdad solo podrás dar el 90%.

Cuando te equivoques, reconoce humildemente tus errores y pide perdón.  El principio de arreglar cualquier cosa que se afecte por tu culpa es reconocer tu error, pedir disculpas y enmendarlo.

Escucha el doble de lo que hablas.  Por eso tienes dos oídos y una sola boca.

Nunca, nunca te rindas.  Cuando caigas, que será muchas veces en la vida: levántate, mira hacia arriba, dale gracias a Dios por estar vivo y ¡¡lucha!! Lucha con todo tu ser y sin cuartel. Triunfador no es quien siempre gana, sino quien se puede levantar después de haber caído.

Finalmente, hijo querido: Recuerda que tu casa es tu ancla y que tus padres, sin importar la circunstancia, siempre seremos tus mejores aliados.

Te dejo un foto que veo diario. Es el reflejo de tu carácter arrojado e indomable.  Mantenlo siempre así.

Te amo con el amor más profundo que puedo sentir.

México, D.F. a dieciocho de agosto de dos mil trece.

Tu papá que te adora y que es tu mas grande admirador.

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Anda, corre donde debas ir.

Anda, que te espera el porvenir.

Vuela, que los cisnes están vivos.

Mi canto está conmigo.

No tengo soledad.

 

Requiem. (Fragmento)

Silvio Rodríguez

 

 

Amadísima Emilia:

 

Hasta hace algunos minutos que recibí la noticia que tu visa a Alemania había sido ya otorgada, no me había dado cabal cuenta de lo próximo e inminente de tu partida.

Las ideas y sentimientos se me agolpan en el cerebro que es una revolución y en el alma que vibra. Y en los ojos que se arrasan de lágrimas. Y en la garganta que se anuda.  Evidentemente, lloro.  Lloro con esa mezcla de felicidad y de tristeza que a veces nos embarga a los papás cuando sienten a los hijos crecer.

Brinqué y salté apenas recibí la noticia.  Fue la confirmación de que el primer paso hacia un futuro brillante está por darse. Que tu lo darás y que deberás saber que siempre cuentas con el apoyo de tu papá, quien se siente, cabe mencionar, tu más grande admirador.  Un paso que no será sino el primero de los incontables eslabones de la gran cadena de éxitos que será tu vida.

No mas de 10 minutos después, como cubetada de agua fría, me “cayó el veinte” de que está a punto de ocurrir una separación física por más tiempo que ninguna otra que hayamos vivido en tus 16 años de vida.  Ah, ¡como duele! 

Supongo que me lo merezco por “hablador”.  Mas de cien veces platiqué, a quien me quisiera oír que mi hija adorada se iba a estudiar a Alemania; que era maravilloso; que estaba yo feliz;  que los hijos deben volar; que Emilia me hace sentir siempre gran orgullo y no se cuanta habladuría más.  Lo cierto es que no soy más que un papá que ama con toda su alma a su hija y que no se preparó emocional ni mentalmente lo suficiente para este momento, por más que me haya hecho un pseudo lavado de cerebro para tratar de convencerse a si mismo que la partida de su princesa no haría mayor mella.

Siempre te he dicho que tus mejores cualidades (y de verdad sostengo que hay muchas otras) son tu determinación y perseverancia.  Desde muy pequeña las exhibiste. Sentándote y parándote 10, 30, 100 veces hasta que lo dominaste. O diciendo tu nombre, y tu dirección a los 3 años con tu lengua de trapo hasta que se hacía entendible par los demás y aprendido para ti.  Esas cualidades te han acompañado a lo largo de tu vida y serán herramientas valiosísimas para lograr lo que te propongas.

Te he dicho muchas veces que creo que tienes alas fuertes y que las has desarrollado lo suficiente para volar alto y lejos.  Creo que una muchacha tan talentosa e independiente como tu no deberá conformarse con poco.  Por eso te digo, hija de mi vida: vuela, vete, conoce el mundo que hay detrás de la montaña  y detrás del mar. Date cuenta y demuéstrate a ti misma que “le puedes a la vida” y que serás una triunfadora en cualquier ámbito y en cualquier latitud.

Vas bien equipada.  Tienes los valores y los principios que has recibido y aprendido.  Tienes una gran inteligencia. Sabes lo que quieres, como razonablemente lo puede saber una joven de 16 años. Y tienes la determinación y la perseverancia para lograrlo, como ya te he dicho.

Verás muchas cosas. Tendrás oportunidad de comparar. Toma lo mejor de cada cosa. Nutre tu conocimiento y tu espíritu de grandes obras, paisajes, objetos, costumbres y personas que no muchos habitantes de este México nuestro, tenemos la oportunidad de ver. Conoce lo más que puedas. Vívelo intensamente. Estudia mucho y aprende más. Valora y dale buen uso a tu tiempo. Se flexible lo suficiente, pero nunca tanto que tengas que traicionar tus principios, por más tentadora que sea la oferta para hacerlo. No pierdas el rumbo. Acércate y agradece a Dios el maravilloso cúmulo de bendiciones con que te ha regalado. Se atenta y comedida y emplea con la mayor frecuencia que puedas “gracias” y “por favor”.

Hija adorada, al fin y sobre todas la cosas, sabe que aquí en tu casa está tu ancla.  No importa lo mucho que te alejes o lo alto que vueles, siempre está tu casa como tu bastión, tu nido y tu guarida.

Ahora hija: ¡vete! ¡Disfruta esta experiencia maravillosa! ¡Crece!

Te lo digo, en medio del mar de lágrimas de tristeza que me inunda el rostro por pensar en tu partida pero con la inmensa felicidad que desborda mi corazón por saberte fuerte y ante una oportunidad que sabrás aprovechar.

Te amo más que a nadie en el mundo.

(hay algunos a quienes amo “menitos”)

Tu padre que te adora.

México, Distrito Federal a once de diciembre de dos mil trece.

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