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El tiempo pasa…

Mundodehoy.com.- Esta situación, que en tanto no se resuelva tiene que seguir en el centro de nuestras preocupaciones, nos hace reflexionar sobre otros hechos que también nos indignan. Por supuesto, antes que cualquier otra cosa el asunto debe esclarecerse a fondo y la conducta criminal de quienes ordenaron y ejecutaron el secuestro y la desaparición de los jóvenes tendrá que recibir el mayor castigo, aunque sea con nuestras estropeadas e incumplidas leyes mexicanas. 

Pero eso no debe impedirnos recordar, por ejemplo, que desde hace meses hubo multitud de señales de que en Iguala ocurrían frecuentes ilícitos. Lo más preocupante es que esos llamados de atención fueron desatendidos por las autoridades tanto federales como del estado de Guerrero. Es inadmisible, entonces, que las áreas de inteligencia no hayan previsto que algo grave podría ocurrir en una situación así, cuando tenían sobradas pruebas de que existía una violencia creciente en el municipio y, de hecho, ya se había acusado de un asesinato al presidente municipal. Imposible creer que el exgobernador Ángel Aguirre no estuviera al tanto de la situación. Pero decidió ignorarla, como hizo ante los problemas del estado durante su gestión, tan llena de omisiones y de muestras de incapacidad.

El colmo es que haya llegado a la presidencia municipal de Iguala un individuo ligado a una peligrosa banda de delincuentes, y que la mayor parte de la policía local estuviera integrada por miembros del mismo grupo delictivo. Esto, seamos claros, sólo puede ocurrir en una situación donde imperan la venalidad, la corrupción, la impunidad y la psicopatía social.

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En estos acontecimientos que derivaron en la privación de la libertad y desaparición de decenas de jóvenes, gravita el incumplimiento de otras responsabilidades, pues tampoco en materia de información se ha atendido correctamente a las familias de las víctimas. Tanto ellas como la ciudadanía en general desconocen si hay avances o no en las investigaciones. Tantos días transcurridos, tantos sicarios y policías-delincuentes detenidos, tantos rumores que se han diseminado, y aún no se logra esclarecer la situación.

También son insostenibles las deficiencias de las autoridades que aún no han detenido a la llamada “pareja imperial” (es decir, José Luis Abarca y su esposa María de los Ángeles Pineda), que de acuerdo con las autoridades federales son los autores intelectuales del secuestro y desaparición de los normalistas, así como del asesinato de seis personas ese fatídica noche del 26 de septiembre en Iguala, Guerrero.

Todos estos son acontecimientos que nos lastiman e indignan, y que no se resuelven con la salida de un gobernador y la entrada de otro. Necesitamos que se aclaren los hechos, que se encarcele a los responsables y se juzgue a sus cómplices, incluidos los dirigentes de diversos partidos políticos, por su connivencia con los criminales.

Los ciudadanos, por nuestra parte, además de indignarnos y exigir celeridad y claridad en las investigaciones, deberíamos considerar el retirarle nuestro voto a los partidos que no tienen empacho en postular rufianes a puestos de elección popular, siempre y cuando resulte conveniente para sus particulares y muy mezquinos intereses. Partidos cuyos dirigentes eluden su responsabilidad política y que ante una tragedia como la que vive el país en estos días se muestran más preocupados por las cuestiones electorales que porque se aclare la desaparición de los jóvenes normalistas.

Y, sobre todo, requerimos con urgencia un diagnóstico de la situación que prevalece en el ámbito municipal y estatal, e incluso en el nacional, para que no ocurran nunca jamás los horrores y atrocidades que hemos atestiguado en estos días en tierras guerrerenses.

Texto escrito por la pintora mexicana Martha Chapa.

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