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Cáncer Infantil una realidad alarmante

LaSalud.com.- El 15 de febrero en todo el mundo se conmemora el Día Internacional del Cáncer Infantil,  que tiene como objetivo principal sensibilizar y concientizar a la población sobre la importancia de la problemática de este cáncer y de la necesidad de que todos los niños del planeta puedan acceder al diagnóstico y tratamiento adecuado.

En 98 países, 151 Organizaciones de Ayuda a Niños con Cáncer, miembros de la Confederación Internacional de Organizaciones de Padres de Niños con Cáncer (ICCCPO), realizan durante todo el mes de febrero, campañas en favor del mejoramiento de las condiciones en sus lugares de origen.

Cerca del 80% de los niños que padecen cáncer en países desarrollados suelen tener una mejor recuperación a diferencia de los que viven en países de tercer mundo, cayendo de un 20 a un 10%, por diagnósticos tardíos, sin tratamiento y sin cuidados médicos.

México tiene un promedio anual de 2 mil 150 muertes por cáncer infantil en la última década, en Uruguay, alrededor de 250 niños y adolescentes son diagnosticados cada año con esta enfermedad y aproximadamente 80 de ellos fallece anualmente; enfermando alrededor de 250 mil niños por cáncer en el mundo por año.

Entre los cánceres que destacan se encuentran principalmente las leucemias, linfomas, tumores del sistema nervioso central, de hueso y de hígado. Cada uno de éstos se comporta en forma diferente pero todos se caracterizan por la proliferación descontrolada de células anormales.

El cáncer infantil es la principal causa de muerte por enfermedad en niños mexicanos entre 5 y 14 años de edad, los motivos por las que los niños desarrollan cáncer no están claramente definidas, es importante destacar que cuando afecta a un infante o a un joven lo hace en forma distinta a como ataca a los adultos, por ejemplo, muchos de los tipos de cáncer que se dan en la adultez son resultado de la exposición a agentes cancerígenos como el tabaco, la dieta, el sol, productos químicos y otros factores que tienen que ver con las condiciones ambientales y de vida. Mientras que las causas de la mayoría de los tipos de cánceres pediátricos son, todavía, inciertas salvo por algunas condiciones como es la exposición a niveles altos de radiación.

La mortalidad por cáncer infantil puede ser reducida, estableciendo programas de hemato-oncología pediátrica, que provean terapia básica gratuita para todos los niños que necesiten tratamiento, la implementación de dichos programas deben ser considerados como parte de los derechos de los niños, debido a la gravedad del problema es necesario que se le enfrente con acciones integrales para establecer medidas de prevención, asegurar la oportunidad de un diagnóstico oportuno y certero así como la calidad y acceso al tratamiento, con el fin de reducir la mortalidad.

El tratamiento supone grandes exigencias para los niños y sus familias: durante un tiempo más o menos prolongado deben rearmar su rutina familiar en función de las consultas en el hospital, de los horarios de las terapias y de los cuidados que requiere el pequeño. El niño debe soportar procedimientos incomodos, tomar medicaciones, hacerse estudios, cambiar sus actividades cotidianas, hasta antes del diagnóstico, y ver limitada su vida. Los papás deben aprender una gran cantidad de información como los códigos de la institución en la que su hijo es tratado, lidiar con el servicio de fármacos, explicarle a familiares y amigos la evolución del niño, cuidar a los hermanos, en caso de que los hubiera, resolver su situación laboral, ya que el cáncer infantil es una enfermedad desgastante para los niños como para los padres o familiares. 

Como hemos mencionado, la experiencia de un niño con cáncer y su familia es altamente estresante. Sin embargo es una oportunidad para reconocer fortalezas, cambiar roles, aceptar ayudas, aprender de otros que pasaron por la misma situación y compartir intensamente el tiempo en familia. Para que esto suceda además de los recursos internos de la familia es importante el soporte de la gente, familia, amigos, el apoyo es vital para el desarrollo de la vida actual, es fundamental en el acercamiento con otras personas. Más allá de estar enfermo de cáncer el niño también necesita jugar, ir a la escuela, distraerse, relacionarse, insertarse socialmente, crecer y desarrollar sus aptitudes.

Entre 70 y 75% de los casos de cáncer infantil, son potencialmente curables si se detectan oportunamente y reciben el tratamiento adecuado. Un diagnóstico precoz es fundamental para mejorar el pronóstico de vida, limitar las secuelas y aumentar las posibilidades de curación en estos pequeños pacientes. Estos porcentajes de cura son incluso mayores al 90% para algunos tipos de cáncer, como las leucemias linfoblásticas agudas.

En la detección es importante la participación de todos: padres de familia, médicos, en general el personal de salud. El cuerpo manda señales y es importante estar alerta ya que esto puede marcar la diferencia entre una buena calidad de vida y una vida mermada. Simular que no pasa nada, no soluciona nada y sí agrava el problema.

Desde 2008 en México, con el Programa “Todos los Niños, Todos los Cánceres” se cubre la totalidad de los procedimientos, diagnósticos y terapias de los diferentes tipos de cáncer en los menores de 18 años, esto ha generado que las familias se acerquen más a las unidades médicas  para que los infantes afectados reciban atención oportuna y de calidad. Actualmente nuestro país cuenta con 54 Unidades Médicas Acreditadas (UMA) para la atención de pacientes menores de 18 años con cáncer. 

Los esfuerzos por tratar de combatir esta enfermedad son constantes, lentos y muy tardíos, pero se está luchando en mejorar cada vez más la vida de los pacientes que la padecen, por lo que es importante realizarse estudios previos que ayuden a prevenir y detectar cualquier anomalía. 

Síntomas que podrían ser señal de cáncer infantil.

Sudoración nocturna o excesiva.

Pérdida de peso.

Pérdida del apetito.

Dolor de huesos y articulaciones.

Palidez progresiva, fatiga, cansancio o apatía sin causa aparente.

Calentura (fiebre) persistente o recurrente, es decir, que dure varios días y no ceda a tratamientos comunes.

Sangrado frecuente de nariz, o de encías al cepillarse los dientes.

Puntos rojos o morados en la piel (petequias).

Moretones sin causa aparente.

Crecimiento irregular en abdomen.

Bolitas (ganglios) en cuello o axilas  sobre todo si son nódulos duros, grandes y sin datos de infección, que no disminuyen con desinflamatorios.

Crecimiento anormal en cualquier parte del cuerpo.

Reflejo blanco en ojo (pupila).

Desviación de mirada o aumento de volumen en uno o ambos ojos.

Dolor de cabeza persistente, que empeora con el tiempo y no cede con medicamento, despierta al paciente y es asociado a nausea o vómito.

Cambios de la conducta o alteraciones neurológicas (mareos, movimiento involuntarios, convulsiones, hormigueo, pérdida del equilibrio, alteraciones al caminar y/o pérdida de sensibilidad).


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