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La paridad compromiso de gran envergadura para las mujeres.

Por: Rosa María Oviedo Flores

Ellas.mx.- En los últimos años la participación de las mujeres en la vida pública, económica, social y política de México se ha vuelto muy notoria. Conceptos como género, empoderamiento femenino, paridad, igualdad sustantiva, gobernabilidad con enfoque de género y liderazgo político de las mujeres, entre otros, han surgido y provocando grandes debates que han propiciado la reflexión, análisis y sobre todo la sensibilización social, política y jurídica sobre la participación efectiva e igualitaria de las mujeres en la vida política del país.

El reconocimiento de la ciudadanía de las mujeres en nuestro país,  ha sido  proceso evolutivo de cambios lentos que había impedido su plena participación política en condiciones de paridad con los hombres. Las múltiples barreras y obstáculos que  encontrábamos en este camino daban como resultado nuestra poca participación en los espacios de toma de decisiones y cargos de representación política.

Hoy día, los derechos de las mujeres en México se han ensanchado, y en el espacio político se nos ha brindado la oportunidad para este 2015, poder ocupar la mitad de las candidaturas en los puestos de elección popular, pero la paridad es una idea que va más allá de lo político y lo electoral, avanzar hacia la paridad implica considerar que, más que un concepto cuantitativo, se trata de la expresión de la redistribución del poder en todas las esferas de la vida. Son múltiples y variadas las razones que han generado la ausencia de la figura femenina en la vida pública, que van desde la discriminación hasta la socialización recibida en función del sexo y la falta de motivación. Este es el motivo por el cual su implementación supone una trasformación de esquemas socioculturales aprendidos a través del tiempo en una sociedad que ha sido principalmente dominada por hombres.

Es importante darnos cuenta que la paridad no sólo implica el incremento de mujeres en cargos de elección popular, sino que va más allá, al apelar a la eliminación de la exclusión social por motivos de género y al reparto equilibrado de derechos, responsabilidades y estructuras de poder entre mujeres y hombres. 

Las reformas jurídicas que se dieron en el 2014 y que nos dan la oportunidad para que este año podamos acceder a la mitad de los cargos de elección popular deben ir acompañadas de la implementación de políticas públicas integrales, tendientes a garantizar el ejercicio de los derechos de las mujeres, potencializar la ciudadanía femenina, así como fortalecer la organización y liderazgo de las mujeres para la exigencia en el cumplimiento de sus derechos políticos, ello implica la incorporación de la perspectiva de género de manera transversal en todos los programas y acciones de gobierno.  

Este gran avance en el reconocimiento de los derechos también requiere de un compromiso social y público de gran envergadura por parte de nosotras, porque un derecho conlleva una obligación, y lo debemos asumir con gran responsabilidad, profesionalizándonos, actualizándonos permanentemente en conocimientos, habilidades  y técnicas  que nos doten de capacidades para poder contribuir al cambio y al desarrollo comunitario.

La gestión pública demanda actualmente responsables idóneos, que posean destrezas y habilidades para dirigir políticas de desarrollo, no meras administraciones prestadoras de servicios, sino instituciones democráticas con auténtica visión de progreso y competitividad territorial. La profesionalización de la política viene a sostener el arte de gobernar llenando los vacíos que tanto políticos como técnicos tienen respecto a la labor pública.

La incorporación de la mujer al escenario político no debería sólo relacionarse a la conquista femenina, sino sobre todo a un logro social, pues su participación contribuye al perfeccionamiento de la democracia, y desde donde comienza a asumir la  responsabilidad que le concierne como ciudadana, aportando su perspectiva del desarrollo.

En este momento las mujeres tenemos la oportunidad de construir una nueva historia, pero siempre trabajando tenazmente para que seamos reconocidas por nuestra capacidad y no por nuestro género.

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