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El diagnóstico oportuno puede prevenir cáncer rectal

Oncologia.mx.- Alrededor del 85 y 90% de los pacientes que se diagnostican a tiempo, tienen una tasa de supervivencia más alta, ya que el tratamiento del cáncer rectal se realiza a través de la cirugía y depende del avance de la enfermedad, por lo que también es probable que se requiera de radioterapia y quimioterapia.

Sin embargo, esas cantidades descienden drásticamente cuando el cáncer se disemina a los ganglios linfáticos; es por ello que el Dr. Robert Cima, Cirugía de colon y recto, Mayo Clinic de Rochester, Minnesota, menciona que el cáncer rectal, empieza con un crecimiento pequeño de células no cancerosas llamado pólipo. Extirpar los pólipos antes de que se tornen cancerosos puede prevenir el desarrollo del cáncer rectal, y por ello es importante someterse oportunamente a las detecciones para cáncer de colon mediante colonoscopias. Si bien, los médicos generalmente recomiendan realizar estas detecciones a partir de los 50 años, el médico podría recomendarlas antes o con más frecuencia cuando existen factores de riesgo, tales como antecedentes familiares de cáncer colorrectal.

Muchas personas con cáncer del recto no presentan ningún signo ni síntoma durante las primeras etapas de la enfermedad. Los signos y síntomas de las etapas posteriores pueden incluir sangrado rectal (generalmente de color rojo vivo), cambios en los hábitos intestinales, molestias abdominales, dolor en el recto, urgencia constante de defecar, y una sensación de llenura que se presenta acompañada por defecación dolorosa y pujos inútiles.

Toda persona que presenta sangrado rectal por primera vez debe someterse a una evaluación para determinar la causa. Muchas personas posiblemente atribuyen el sangrado rectal a afecciones comunes, como las hemorroides; pero si con anterioridad se estableció el diagnóstico de hemorroides, es mejor acudir cuanto antes a una evaluación médica para descartar la presencia de un pólipo o del cáncer rectal.

El Dr. Cima comenta que: “un paso importante en la evaluación de los sangrados por el recto es realizar el examen de tacto rectal. Para que se pueda llevar a cabo el examen, el médico introduce un dedo enguantado y lubricado en el recto para revisar si algo se palpa extraño”.

Es posible que también se realicen otros análisis para confirmar el diagnóstico y determinar qué tan avanzada está la etapa del cáncer. Por ejemplo, la colonoscopia permite al médico visualizar todo el colon, además de permitir la extracción de pólipos o de muestras tisulares para biopsia; mientras que la tomografía computarizada (TC) o las radiografías pueden determinar si el cáncer se ha diseminado. Otros análisis, como la ecografía endoscópica o las imágenes por resonancia magnética (IRM), ayudan a determinar qué tan profundo ha penetrado el cáncer en la pared rectal y si los ganglios linfáticos también están implicados.

Son muchos los factores que influyen sobre el plan de tratamiento. Cuando el tumor no ha atravesado la pared rectal y los ganglios linfáticos no están afectados, se considera que el cáncer se encuentra en la etapa inicial (etapa I). La etapa II corresponde a un tumor que invade o apenas atraviesa la pared rectal, pero que no se ha diseminado a los ganglios linfáticos; la etapa III corresponde a un tumor que ya compromete a los ganglios linfáticos aledaños; y la etapa IV corresponde al cáncer que ya se ha diseminado a otras zonas.

La cirugía es el tratamiento más común para todas las etapas del cáncer rectal. El tipo de cirugía a realizar se determina según la ubicación del tumor y si están implicados los anillos musculares del recto (esfínteres anales) que controlan la expulsión de las heces.

En los casos de cáncer que crece en el recto o lo atraviesa, el cirujano posiblemente recomiende la extirpación (resección) de la parte cancerosa del recto, junto con un margen de tejido rectal sano próximo al cáncer. Además, se extirpan también los ganglios linfáticos aledaños para revisar si contienen cáncer.

Cuando es posible, se reconecta la porción sana restante del recto con el colon; pero cuando esa reconexión no es viable, entonces podría ser necesario crear a través de la pared abdominal una abertura permanente (estoma) desde la parte del intestino restante, conocida como colostomía, para permitir que los productos de desecho salgan a un dispositivo externo.

Además de la cirugía, el cáncer rectal que ha avanzado localmente, generalmente requiere radioterapia y quimioterapia. La radioterapia y la quimioterapia suelen administrarse cuando el cáncer se ha diseminado a los ganglios linfáticos aledaños o claramente ha atravesado la pared del recto. 

Cuando el cáncer no se ha diseminado a otras zonas del cuerpo, generalmente se administra quimioterapia y radioterapia antes de la operación para reducir el tamaño del tumor y mejorar la probabilidad de extirparlo completamente. Combinar la quimioterapia con la radioterapia es lo que normalmente se recomienda para las etapas II y III del cáncer rectal, y busca complementarse por más quimioterapia después de la cirugía.

Debido al carácter grave del cáncer rectal avanzado, es importante acudir al médico a la primera señal o síntoma, sobre todo de sangrado rectal, cambios en el tamaño o características de las heces o molestias rectales constantes.

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