Noticias

Consideraciones sobre la resiliencia

Mundodehoy.com.- Acerca de las aplicaciones, las diferentes políticas públicas y actuaciones privadas del concepto de “resilencia”, en especial al tema ambiental y del papel que las diferentes comunidades humanas y los ecosistemas cumplen en la interacción sociedad-naturaleza.

Durante la Cumbre de Río en 1992, el concepto de Desarrollo Sostenible es tomado del informe Brundtland (1987) que tiene su origen en el libro “Nuestro Futuro Común”, en el que se plasma el primer intento político de eliminar la confrontación entre desarrollo y conservación. 

Presentado por la noruega Gro Harlem Bruntland en la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo de la ONU, el documento se enfocó sobre el análisis de la situación mundial en la década de los años 80, y denunció que el camino que la sociedad global había tomado estaba destruyendo el ambiente, sin conseguir corregir la vulnerabilidad de muchos grupos sociales residentes en el Tercer Mundo.

El objetivo del informe era procurar un conjunto de políticas realistas para paliar los problemas ambientales y generar desarrollo económico. En definitiva, venía a insistir en lo que ya enfatizó el Club de Roma (1968), a través de la Academia Aurelio Peccei, que en un mundo finito no podía existir un crecimiento económico infinito, augurando que en el año 2000 se habrían agotado muchos recursos naturales (bosques en los países desarrollados y escasez de agua) y fuentes energéticas (gas y petróleo), y en la población mundial, al aumentar enormemente, aparecería una mayoría excluida de los avances y con problemas de alimentación que conduciría a un cataclismo global, plasmándose todo, en el fin del sistema capitalista como modelo productivo. 

En este sentido también alarmista, Brundlant exhortaba a la sociedad para orientar sus preocupaciones sobre la protección ambiental, que debía dejar de ser una cuestión nacional o regional para convertirse en un problema global. Todo el planeta debía trabajar contra la degradación del momento. Asimismo, apuntó que se debía dejar de mirar al desarrollo y al medioambiente como si fueran temas separados. El Informe indicaba que ambos van unidos de la mano.

Por todo esto, en la última Cumbre de Rio celebrada en Junio de 2012, aparece con fuerza el concepto de Desarrollo Resiliente, que permite establecer indicadores más objetivos y extrapolables de unos países a otros, frente al criterio anterior de dominación de la perspectiva ambiental sobre la social y la económica, más acorde con las necesidades y prioridades de los países en vías de desarrollo.

Analizar cómo estas interacciones influyen en el grado de resiliencia de los ecosistemas, los medios, la tecnología, las instituciones y las condiciones de vida de las comunidades locales y sus posibilidades de un desarrollo inteligente.

El término “resiliencia deriva del latín resiliens,entis, que significa “que salta hacia arriba”, aceptándose genéricamente como equivalente a “elasticidad”. También, otra acepción del término proviene del campo de la física, al referirse “a la capacidad de un material de recobrar su forma original después de haber estado sometido a altas presiones”. Por consiguiente, con el paso del tiempo esta definición se extendió -por analogía- al ámbito social, definiéndolo en forma general como “la facultad humana que permite a las personas cuando atraviesan situaciones adversas superarlas, e incluso salir transformadas positivamente y reforzadas por la experiencia acumulada”.

Llegados a este punto, la resiliencia en su enfoque territorial o socio-ambiental requiere del establecimiento de relaciones dinámicas y a escalas mayores entre los sistemas económicos y los ecológicos, para así asegurar que la vida humana continúe en forma permanente y de acuerdo a la diversidad de culturas que existen, y donde, por consiguiente, los efectos de las actividades antrópicas no rebasen límites ambientales que destruyan o minimicen la diversidad, la complejidad y las funciones propias de los ecosistemas prístinos o transformados: agro-sistemas o ecosistemas urbanos, donde la estabilidad ecológica no es un estado fácil de definir ni de medir, por lo que es la propia resiliencia de la estructura sistémica la que debe de ser sostenida en el tiempo, para avalar su capacidad de equilibrio y estabilidad a largo plazo, que es lo que se pretende. Por ello, los impactos humanos que claramente reduzcan la estabilidad y su dificultad para volver al estado original han de ser evitados en la medida de lo aconsejable.

Hasta ahora, en la “sostenibilidad” se incorporaban indefectiblemente las tres dimensiones de la interrelación: economía/desarrollo, sociedad/equidad y ambiente/conservación natural. Pero con la Resiliencia, aplicada en el campo ambiental y social, se abre paso como un indicador de las posibilidades de mayor comprensión en los procesos de diagnóstico y, por lo tanto, en la caracterización sistémica de las dinámicas en las diferentes escalas territoriales (global y local): las interrelaciones e intercambios complejos y múltiples entre los sistemas sociales y  los ecosistemas naturales, sus amenazas y sus oportunidades.

Consecuentemente, desde esta perspectiva del debate y aplicado a la ordenación territorial es como se deberán generar y coordinar asuntos de planificación concertada entre diferentes agentes y con distintos intereses, siempre asumiendo la participación social como elemento clave para una gestión inteligente del espacio geográfico (transformado o no) en el medio y largo plazo.

Por último, sólo me resta agradecer a nuestros patrocinadores, muy especialmente al Gobierno de Extremadura, y colaboradores el esfuerzo realizado para que esta publicación sea una realidad y en breve un referente académico y científico. 

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button
Close