Noticias

126 años de Gabriela Mistral Nobel latinoamericana

Mundodehoy.com.- En sus 126 años de Gabriela Mistral,  Nobel latinoamericana, se recuerdan algunos anécdotas dibujos y fotografías de “la maestra de América y Madre de Chile” que prevalecen, en efecto, la estampa de una mujer que solía vestir con largas faldas y sacos amplísimos; sus zapatos eran del tipo mocasín o bien de tacón bajo; acaso una sencilla boina, a veces. 

Además, era imponente y “poco femenina”: medía 1.80 y prácticamente no se maquillaba; llevó desde muy joven, el cabello apenas debajo de las orejas; ningún collar, tampoco aretes; además gustaba de fumar puros.  Su rostro severo se reflejó, incluso, en el billete de cinco mil pesos que, desde los años 80 circuló en Chile. Casi tres décadas después el Banco Central lo sacó de circulación, cambiándolo por uno nuevo “con una imagen más agradable de Mistral”. Vamos, que hasta una de las amigas más íntimas de la poeta, y a la postre su heredera y albacea, la estadounidense Doris Dana, reconoció haberse sorprendido negativamente al verla por primera vez con ese aspecto de misionera clarisa que antes había despertado el gesto caritativo de la madre de Huidobro.

Se refleja, pues, en las imágenes, la característica austeridad franciscana… porque en realidad Gabriela lo fue. El estilo de la Nobel no se debía a la estrechez económica (esa que sí la había obligado a trabajar desde los 14 años como maestra, sin contar con título, generándole animadversión entre los colegas) ni al proverbial descuido del escritor que por pensar trascendencias se olvida de lo mundano. Nada de eso. Durante su paso por Italia, la poeta decidió ingresar en la Orden Tercera de San Francisco de Asís. Militancia religiosa que ya había testimoniado en su poética.

Así que por más que María Luisa Fernández Bascuñán quisiera “resolverle todo” esto no habría sido posible, pues todo en Gabriela buscaba la comunión con San Francisco. O casi todo. Porque el de Asís no usó faldas ni mocasines ni boinas unisex, y mucho menos fumó puro. Probablemente, la apariencia de la poeta se debiera a un aspecto de su vida personal que ya se rumoraba cuando la escritora nacida en Elqui vivía, y que sólo después de la muerte, en el 2006, de Doris Dana, pudo constatarse.

Doris y Gabriela se habían conocido en 1946, en Estados Unidos. Aquella tenía 26 años; la chilena, 57. Y a pesar de la notable diferencia de edades logran tejer un amor que en el transcurso de una década rebasó lo meramente fraternal. En Niña errante. Cartas a Doris Dana (Lumen, 2009) se publican las numerosas misivas que la autora escribió para su compañera. Fue la sobrina de Doris quien decidió entregar a la Biblioteca Nacional (estuvo a punto de entregarlas a la de Washington) las 168 cajas con miles de documentos, entre los cuales se encontraron cartas, grabaciones domésticas y cinco álbumes de fotos.

Gabriela la franciscana, Gabriela la Maestra de América, Gabriela la Madre de Chile, Gabriela la primera Nobel latinoamericana, Gabriela Mistral… lesbiana. Salida del clóset post mórtem, aunque los mistralitas de pura cepa conservadora aún quieran apagar el fuego lésbico que enciende las páginas de Niña errante: 

Desde que te fuiste yo no río y se me acumula en la sangre no sé qué materia densa y oscura. Yo no puedo saber aún, amor mío, lo que ocurra conmigo a lo largo de los sesenta días de nuestra separación. …Estoy viviendo la obsesión, amor.  Yo no sabía hasta dónde eso —lo vivido— ha cavado en mí, hasta dónde estoy quemada por ese punzón de fuego, que duele igual que la brasa ardiendo sobre la palma de la mano.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button
Close