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Los problemas de sueño afectan el crecimiento

LaSalud.mx.- El sueño de los niños se ve afectado por la tecnología y el crecimiento por factores como la genética, los hábitos alimentarios, las enfermedades crónicas, el ambiente, y por supuesto los patrones de sueño. 

Desde el momento de la concepción, cuando el bebé mide aproximadamente 25 centímetros, hasta el primer año de vida, el infante triplicará su talla y masa corporal, expresó Armando Blanco en conferencia de prensa, quien aseguró que el uso de aparatos electrónicos altera el ciclo del sueño de los niños. 

La estatura promedio de los mexicanos es de 1.64 metros mientras que la de las mexicanas es de 1.55 metros y de acuerdo con el especialista, esto se debe a que poco después de que los niños quedan dormidos, la hormona de crecimiento se dispara significativamente, lo cual significa que dicha hormona se relaciona con la profundidad y calidad del sueño. La segregación de la melatonina, agregó el médico, se vuelve más lenta con los flujos de luz en la obscuridad, es decir, más complicado inducir al sueño.

Sin embargo, explicó, el infante no se prepara para conseguir el sueño debido a que se encuentra bombardeado de aparatos tecnológicos, personales o familiares, los cuales van desde televisores hasta iPod o celulares, lo cual ocasiona conflictos con el ciclo de la luz ambiental, llamado también ciclo circadiano, ya que la luz que emanan los dispositivos, provoca la liberación de melatonina, y por ende, no se consigue el sueño.

En opinión del también especialista en endocrinología pediátrica: “después de que baja la luz del sol, es decir, cerca de las 6 de la tarde, no es recomendable que el niño interactúe con aparatos tecnológicos, pues estos, alteran y perjudican el ciclo del sueño”.

También comentó que desde la invención de la electricidad, los humanos redujimos entre cuatro y cinco horas el tiempo dedicado a dormir. Ahora con la luz que emiten los dispositivos se altera el ritmo biológico responsable de segregar sustancias hormonales durante el sueño como la melatonina, cortisol, prolactina, y claro, la hormona de crecimiento.

Cuando el infante no duerme bien también es propenso a desarrollar obesidad, pues la relación consiste en que el cerebro se mantiene activo, no descansa y sigue el proceso de vida.

De esta forma, se incrementa el hambre, derivando en la acumulación de mayor tejido graso, menos actividad física, cansancio, menos concentración, menor rendimiento académico, cambios de humor y conductuales, la pérdida de inmunidad, en otras palabras: la falta de sueño no sólo afecta la velocidad y normalidad de crecimiento sino muchos otros aspectos de la vida del menor. 

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