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Día mundial de la Hepatitis B y C

LaSalud.mx.- En el Día Mundial de la Hepatitis, tipo B y C, conmemorado cada 19 de mayo, se pretende hacer conciencia sobre las afecciones que  de no ser tratadas como corresponde pueden derivar en consecuencias de gran perjuicio sobre la salud como cáncer de hígado o cirrosis cuyo virus está presente en 1 de cada 12 personas, registró AIM.

Se debe recordar que esta afección generalmente no presenta síntomas y se transmite cuando se produce un contacto entre sangre sana con sangre infectada por el virus C: transmisión vía parenteral o por no adoptar medidas asépticas adecuadas a nivel hospitalario en transfusiones o la utilización de hemoderivados para el tratamiento de otras enfermedades, así como también por compartir jeringas, en centros odontológicos, lugares de aplicación de piercings y tatuajes, podólogos, entre otros.

La palabra “hepatitis” significa, simplemente, inflamación del hígado, sin apuntar a ninguna causa específica. Una persona con hepatitis puede:

• Padecer uno o varios trastornos, incluyendo una infección vírica o bacteriana del hígado.

• Padecer un trastorno autoinmunitario que afecta al hígado.

• Haber sufrido un traumatismo abdominal en la zona del hígado.

Lo más habitual es que la hepatitis haya sido provocada por uno de los siguientes tres virus: el virus de la hepatitis A, el virus de la hepatitis B o el virus de la hepatitis C.

Todas estas formas víricas de hepatitis se pueden diagnosticar y puede hacerse un seguimiento de su tratamiento mediante análisis de sangre fiables y fácilmente accesibles.

Signos y Síntomas

La hepatitis, en sus primeras etapas, puede provocar síntomas parecidos a los de la gripe, como:

– malestar general

– fiebre

– dolores musculares

– pérdida del apetito

– náuseas

– vómitos

– diarrea

– ictericia -coloración amarillenta de la piel y de la esclerótica (blanco del ojo).

No obstante, algunas personas no presentan ningún síntoma y ni siquiera saben que están infectadas. Por ejemplo, los niños con hepatitis A suelen presentar síntomas leves o ausencia total de síntomas.

Decíamos que la hepatitis C generalmente no presenta síntomas, por eso se la llama la “enfermedad silenciosa”. El virus C (HCV) destruye lentamente células hepáticas y puede, con el transcurso de los años, producir cirrosis o cáncer hepático. La hepatitis C se transmite cuando se produce un contacto entre sangre sana con sangre infectada por el virus C (transmisión vía parenteral), como puede resultar por no adoptar medidas asépticas adecuadas para la hepatitis C. Han ocurrido transmisiones en el ámbito de la Sanidad pública y privada, mediante transfusiones o la utilización de hemoderivados para el tratamiento de otras enfermedades, así como también por compartir jeringas, en centros odontológicos, lugares de aplicación de piercings y tatuajes, podólogos, etc.

La hepatitis C, debido a sus características de ser una enfermedad mayormente asintomática, suele ser diagnosticada de manera fortuita en controles médicos de empresas, en las donaciones de sangre o en análisis prescritos por facultativos en búsqueda de otras patologías. Quizá por la fecha relativamente reciente del descubrimiento del virus C (año 1989) y por la propia complejidad de la función hepática, no todos los profesionales de la medicina están capacitados para el adecuado tratamiento de la enfermedad, y así sucede que o bien se le restan importancia, con las consecuencias negativas que tal actitud puede acarrear, o, por el contrario, aconsejan a los afectados pautas de comportamiento erróneas, lo que contribuye a incrementar el estado de depresión que genera la propia enfermedad y a intensificar el sentimiento de soledad en que viven muchos de los afectados.

Entre las peticiones que realizan las asociaciones de enfermos de hepatitis C está la de:

Realizar un mayor número de campañas de difusión para conocimiento y prevención de la enfermedad.

Formar a médicos de atención primaria en el conocimiento genérico de esta enfermedad.

Seguimiento integral multidisciplinar de los afectados por los problemas psicológicos que puedan derivarse de este padecimiento y un reconocimiento por parte del Estado del carácter crónico de la hepatitis C.

A todos los efectos, tanto laborales como sociales, estas son sólo algunas de las piedras angulares necesarias para garantizar una vida digna a estos enfermos.

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