CiudadNoticias

Hombre encontró lote de joyas en su casa y las regresó

DiariodelaCiudad.mx.- En el patio de su casa el arquitecto Édgar Salinas encontró un lote de joyas que no era suyo. Anillos, aretes, pulseras y relojes estaban ahí: tirados. Sólo él lo sabía. Pero en lugar de quedárselas, las tomó y las llevó a la policía. Un millón de pesos en joyas fue lo que regresó.

Todas esas alhajas eran el botín de un robo que un ladrón dejó precisamente en ese lugar para tratar de que no lo descubrieran. Y aunque el hampón logró su cometido, gracias a la honestidad del arquitecto Salinas, las joyas fueron devueltas a su dueña.

La historia de este hombre ocurrió hace unos días y quedó registrada en el expediente de la PGJDF. Era de noche cuando un grupo de agentes de la Secretaría de Seguridad Pública llegó a casa de Édgar Salinas, en la colonia Campestre Coyoacán.

Uno de ellos tocó la puerta y le dijo que buscaban a un hombre al que habían visto brincando por las azoteas. Encendieron las luces y en unos minutos hallaron a aquel tipo. Estaba escondido bajo el automovil del arquitecto.

Los agentes le preguntaron a Edgar Salinas si quería denunciar al sujeto, pero dijo que no, pues no le robó nada. El arquitecto cerró la puerta de su casa, apagó la luz y se fue a dormir.

Los agentes mantuvieron retenido por algún tiempo al hombre. Lo llevaron al Ministerio Público de la Fiscalía en Coyoacán, pero nadie lo acusó y entonces tuvieron que dejarlo libre.

A la mañana siguiente Salinas despertó y cuando estaba sacando su carro encontró debajo una bolsa. Al revisarla descubrió las alhajas.

Fue entonces que el hombre las tomó y acudió a la Procuraduría capitalina. Ahí les contó lo que había encontrado. Les explicó lo que sucedió la noche anterior y les dijo que seguramente las había dejado aquel sujeto.

Y así fue. Las joyas pertenecían a una mujer que vivía en la zona. A ella se las habían robado de su casa.

Aquel hombre que se escondió debajo del auto del arquitecto Salinas, fue quien se metió a la casa de la mujer y las sacó de su ropero.

Cuando entró al garaje del arquitecto decidió esconderlas, y así no hubo forma de acusarlo.

Con información de La Razón

Tags

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button
Close