Salud

La atención del VIH durante la pandemia de COVID-19

Por: Doctora Leticia M. Pérez Saleme, Médico Infectólogo, Hospital Ángeles del Pedregal.

LaSalud.mx.– La conjunción de dos pandemias (COVID-19 y VIH) ha tenido un impacto significativo en la atención de las personas que viven con VIH/SIDA en el mundo. Al 3 de diciembre del 2020, más de 65 millones de
personas han sido infectadas por el virus SarsCoV-2, causante de la enfermedad COVID-19, con 1,502,900 muertes. México ocupa el 11º lugar en número de casos registrados, y es uno de los países donde menos pruebas se realizan a nivel mundial.

Actualmente se reportan 1,133,613 casos registrados ante la secretaría de salud con 107,565 defunciones acumuladas. El repunte de casos evidenciado durante el mes de noviembre y diciembre del 2020 ha sido muy significativo.

En lo referente al VIH, datos proporcionados por el CENSIDA, son 313,969 casos de personas reportadas con infección por el VIH en México, de los cuales el 35% lamentablemente han fallecido (109,927 personas). Se estima que existen 270,000 personas que viven con VIH en México, pero sólo 7 de 10 personas han sido diagnosticadas, de éstas 6 de cada 10 personas se encuentra en tratamiento antirretroviral, y de ellas 6 de cada 10 se encuentra con supresión virológica…. Aún tenemos un largo camino por recorrer para alcanzar la meta de ONUSIDA del 90-90-90.

La pandemia del COVID-19 nos ha alejado aun más de esta meta, por diversas razones. Al 7 de octubre del 2020, la Secretaría de Salud, reportaba 6,315 casos probables de COVID-19 en personas con infección por VIH. El 33% de ellas requirió hospitalización y se observó una mortalidad del 13%.
De los casos registrados en el INSABI (3,692 casos), sólo el 45% de ellos contaba con registro de atención médica del VIH previa, y de ellos el 75% con carga viral indetectable.

En conjunto, el escenario actual que se visualiza no tiene mucha diferencia en la incidencia o manifestaciones clínicas de las personas que viven con VIH en comparación con las que no tienen VIH. La información disponible al momento actual, sugiere que, por lo menos en Europa y Norteamérica el VIH no aumenta el riesgo de infección por el Sars-CoV-2 ni predispone a desenlaces peores por la COVID-19. La mayoría de los estudios documentan una alta prevalencia de comorbilidades entre las personas con VIH con COVID-19 grave, lo que sugiere que este podría ser un indicador importante de morbilidad y mortalidad, tal como lo es en las personas sin VIH.

Recordemos que las personas que viven con VIH son más susceptibles a tener factores de riesgo de COVID-19 grave: 4 veces más probabilidad de tener diabetes,1.5 a 2 veces más probabilidad de episodios cardiovasculares que la población general.

En los estudios reportados hasta el momento, no hay evidencia de una prevalencia mayor de la COVID-19 en las personas con VIH. La tasa de hospitalización y admisión a las unidades de terapia intensiva observada en las personas con VIH es similar a las personas seronegativas, siendo la edad y la presencia de comorbilidades los factores pronósticos más importantes de malos resultados en las personas con VIH. Contrario a lo que se pensaba en un inicio, la gravedad o el tipo de terapia antirretroviral no influye en el desenlace de la COVID-19 en personas con VIH. Cabe mencionar que la mayoría de los estudios publicados han sido en países desarrollados y sólo un estudio en Sudáfrica (Boulle, CID.2020 Epub) sí ha demostrado una tasa de mortalidad mayor en pacientes con VIH.

El estudio de Sudáfrica es preocupante y los estudios futuros serán importantes para determinar si el VIH es un factor de riesgo para la mortalidad por COVID-19 en países donde los ingresos son medianos y bajos.

La pandemia de COVID-19 ha superado la capacidad del sistema sanitario mexicano, por lo que muchas instalaciones sanitarias especializadas se han convertido en hospitales exclusivos para la atención de COVID-19, dejando sin atención médica hospitalaria, y en muchos casos también ambulatoria a muchas otras enfermedades, incluyendo el VIH/SIDA.

La atención al VIH se brinda en clínicas específicas y centralizadas, algunas de ellas de difícil acceso sobre todo en áreas rurales, lo que obliga a los pacientes a recorrer largas distancias con un elevado riesgo de exposición al Sars-CoV-2. Muchas de éstas clínicas han cerrado o han limitado los horarios de atención. En muchos casos brindando únicamente tratamiento antirretroviral sin atención médica. Por otro lado, ante el decreto presidencial para personal de salud vulnerable, se ha observado una reducción importante del personal sanitario, que en ocasiones ha sido reasignado a otras áreas de atención ante la emergencia sanitaria.

Se reporta de 5 de cada 10 personas han presentado dificultades para obtener su tratamiento antirretroviral. La tasa de desempleo ha aumento y con ella, la pérdida de seguridad social y la necesidad de migrar a otro sistema de salud. Los trastornos de ansiedad y depresión son altamente prevalentes, así como el miedo a asistir a la clínica u hospital. Todo esto ha
condicionado pérdidas en el seguimiento de los pacientes con VIH y reducción en la toma de laboratorios de control cuyas consecuencias son aún de una magnitud desconocida.

En cuanto al diagnóstico de nuevos casos, sabemos que en comparación al segundo trimestre del 2019, se ha observado una disminución del 59% en la realización de pruebas de ELISA para el VIH en la población general. Así en el 2019 se diagnosticaron 17,161 casos nuevos de VIH en México, en comparación a 6,904 casos en el 2020. Preocupante es una disminución del 33% de las pruebas de ELISA para VIH en mujeres embarazadas.

Es claro que se requiere la emisión de recomendaciones específicas para la atención de personas con VIH durante la pandemia de COVID-19, así como garantizar la atención clínica y el abasto de tratamiento antirretroviral para ésta población.

Algunas soluciones propuestas serían crear nuevas estrategias de comunicación por telemedicina para los pacientes estables, e identificar pacientes vulnerables o inestables que deben ser valorados en forma presencial, reanudar la realización de pruebas de laboratorio, carga viral, CD4, y consultas de acuerdo a las condiciones de cada unidad, con una programación de citas y estudios para evitar aglomeraciones, proporcionar tratamiento antirretroviral para 3-6 meses, la detección oportuna y atención de problemas de salud mental asociados a la COVID-19, particularmente trastornos de ansiedad y depresión es de suma importancia, por mencionar algunas.

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