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La necesidad de ser libre

Ricardo Guzmán Wolffer

El notable artista plástico Jorge Cejudo, autodenominado “El Cejas”, ha ido embelleciendo la ciudad de México y otros lugares de la república con sus murales, esculturas y diseños. Quien identifique su estilo lo verá en muchos lugares. Deportista y viajero, ha recorrido varios países con los ojos del colonizador visual, de quien se apropia de lo inasible.

Cuando inició la pandemia, comenzó un proyecto más para hacer y compartir el arte. Así nació el libro “Viajando sin salir de casa”, una recopilación de dibujos hechos desde su domicilio en la CDMX, cuidándose y cuidando a su familia, pero cierto de que la mente no puede ser limitada. Menos la necesidad de crear.

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Aquí la entrevista.
RGW. ¿Cómo surge este libro: como una idea de que es mejor aprovechar el encierro o como una necesidad de expresarse sin importar las circunstancias?
JC. Creo que la respuesta incluye un poco de las dos preguntas.
El libro surge como la continuidad de un proyecto que vengo haciendo ya hace como 8 años, que es hacer algo creativo cada día y subirlo a redes sociales. En 2012 fue un proyecto de documentar los días del año (del 1 al 366) con fotografías bajo el hashtag #cejas_calendar Posteriormente fueron dibujos que hacía en una libreta, documentaba con mi celular y subía la foto a redes sociales, lo que se convirtió en un ejercicio de disciplina creativa y representaba la importancia de vivir día a día. En 2016 decidí que esos dibujos en vez de quedarse en una libreta podrían ser dejados en la calle para que la gente los viera y se los llevara a manera de regalo; el proyecto tuvo muy buena aceptación y era muy interesante como la gente corría por ellos o todo lo que comentaban del mismo. Ahora al ejercicio de disciplina creativa se le sumaba otros ingredientes, el compartir y el desapego. Llega la sugerencia de quedarnos en casa por la pandemia y el proyecto de salir a pegar dibujos o que la gente fuera por ellos ya no era algo viable; dejé el último dibujo en un poste de la esquina de mi casa, el dibujo se llamaba “A guardarnos a guardar” y era una persona entrando por el techo de su casa. Pensé que quizá el destino me pedía que el proyecto de un dibujo al día ya se concluyera; pero al día siguiente dentro de casa extrañé con algo de nostalgia el caminar hacia mi Estudio y me acordé de las rampas del estacionamiento del Palacio de Hierro de la Colonia Roma, y los dibujé, lo único que posteé fue algo como “Aquí está el estacionamiento por si alguien lo quería ver.” Al día siguiente se me ocurrió que era buena idea transportarme y transportarnos a cualquier lugar del mundo a partir de los dibujos.
En resumen, tenía la necesidad de expresarme y de continuar con mi proyecto de dibujos de #unoaldía_cj y por otro lado, el encierro se convirtió en una oportunidad para aprovecharlo y salir de él emocionalmente a muchos sitios del mundo.

RGW. ¿Cuál fue la metodología para escoger los lugares y la representación de cada ciudad?
JC. Al principio fueron lugares a donde nunca había ido o que eran importantes/simbólicos para mí. El primero que hice fue el Taj Mahal, que es un sitio a donde siempre he querido ir; el hecho de investigar cómo llegar, qué hacer, revisar fotos, comentarios y recomendaciones de viaje me hizo sentir que sí estuve allá. El segundo fue el Buda de Kamakura que conocí hace como 15 años en un viaje que hice solo a Japón, y posteriormente con mi esposa y mis hijos hace 2 años; un lugar mágico y simbólico para mí y mi familia. La selección de los lugares a veces iba por la necesidad de ir a playa, al exterior, a conocer las maravillas del mundo, los sitios ocultos que no son tan comerciales, después me basé mucho en arquitectura, tipos de iglesias, estilos, épocas… También exploré por temas de arte, de pintores, de escultores, de comida, etc. Muchos lugares empezaron a ser recomendados por algunos amigos, y ahí decidí hacer viajes compartidos, donde ellos me enviaban su reseña del viaje y los lugares que habíamos recorrido en ese trayecto.

RGW. Y ya con la figura a desarrollar, ¿cómo visualizar la impresión? ¿Pensabas en un libro o un mural como los muchos que tienes?
JC: Cuando fue avanzando el proyecto, me di cuenta que el término “cuarentena” no se refería precisamente a los 40 días, decidí ponerle fecha y fueron 7 meses de dibujos/viajes diarios. Mientras avanzó el proyecto fui visualizando siempre un libro, primero una libreta de viajero formato “Moleskine” pero cuando ya eran tantos dibujos ya se volvió más una necesidad de hacer un libro grande. El libro es por un lado una bitácora, pero también un libro con formato de arte (pasta dura, barniz a registro, etc.).

RGW. ¿Cuál fue tu camino interior con las visitas-dibujos, crees que descubriste algo nuevo de ti mismo?
JC. Sí, definitivamente fue un gran viaje al interior. Descubrí que la imaginación me puede cambiar el ánimo, que los encierros muchas veces son emocionales o mentales, que está bien estar en calma. Me gustó poder experimentar la paciencia de no salir mediante estos ejercicios de dibujos y de viajes… También me di cuenta que hubo días que no quería ni viajar ni dibujar ni seguir con el proyecto; me ayudó a escuchar mis razones para no querer hacerlo, no solamente las que existían para hacerlo. Valoré internamente el poder de ir de día en día con este y con otros procesos.
Descubrí que muchos de mis miedos (potenciados con esto de la pandemia) son solamente imaginarios, son tragedias que no han llegado; que lo mismo me cuesta imaginarme tragedias que viajes a lugares maravillosos y con la gente que quiero. Descubrí que pude ser un mini agente de cambio en las emociones de los demás, agradecí que mucha gente disfrutara de este proyecto y se sintiera acompañada.

RGW. ¿Cómo podrías agrupar lo que dibujaste? Hay monumentos artísticos, religiosos, ¿qué más?
JC. Están los clásicos lugares taquilleros de viajes famosos/comerciales como la Torre Eiffel, el Coliseo Romano, la estatua de la Libertad, etc.
También a nivel monumentos/iconos de ciudades hay esculturas, iglesias, parques representativos. En algún momento exploré algunos monumentos brutalistas yugoslavos; en cuanto a esculturas hice un par de las que se hicieron para las Olimpiadas en México 68. Muchos dibujos los busqué no tanto por lugar sino por tipo de arquitecto, desde uno que admiro de hace años que se llama Charles Rennie Mackintosh (que era diseñador, arquitecto, ilustrador, tipógrafo, etc.), hasta los contemporáneos tanto nacionales como extranjeros. También viajé a lugares conectados con el espíritu y no solamente religiosos. Hubo estadios deportivos. Era interesante que dependiendo del ánimo a veces tenía ganas de viajar a una ciudad con mucho rush y acelere, y hubo otros donde tenía ganas de playa y calma, explorar sitios arqueológicos o ir a un parque a ver esculturas al aire libre.

RGW. ¿Te sentiste acompañado durante este gran proyecto?
JC. Aunque hubo viajes que hice yo solo para acompañarme a mí mismo, la mayoría fueron acompañado… Visualizaba como iba con mi esposa, mis hijos o con amigos…. Muchos fueron viajes compartidos donde amigos me hacían la reseña o recomendaciones del lugar. Y en especial cuando leía comentarios sobre el dibujo/viaje fue estar algo así como mucho más que acompañado.

RGW. ¿Cómo llegas al nombre del proyecto?
JC. Pensé muchos títulos, y al final regresé a este que fue el hashtag que hice al inicio para identificar el proyecto en redes sociales; además me pareció que define exactamente lo que vivimos, el poder viajar sin salir de nuestras casas.

Hasta ahí la entrevista.

El libro, en edición limitada, es de gran calidad. La pasta dura y el diseño resaltan los muchos lugares traídos al espectador por la alegría de compartir de Jorge Cejudo. Un imprescindible del diseño urbano y del muralismo contemporáneo: un dibujante con claro sello personal.
Disfrutar la selección de dibujos, tratar de entender la selección integral, compenetrarse con la necesidad de liberarse de la pandemia y buscar en los textos las razones ocultas, hacen de este proyecto algo único, tanto por la circunstancia histórica, como por la intención del autor. Una alegría constatar en el arte la presencia espiritual humana.

A partir de los textos adjuntos a los trazos en blanco y negro, brotan esos acompañantes mencionados en la entrevista “LaMiReina”, los amigos de Central Park, la afinidad española del autor, la remembranza de Praga y otros. Quienes conozcan los lugares dibujados verán que muchos trazos son más evocativos que descriptivos: como el Guernica de Picasso. Pero ¿acaso la mente no es así siempre? Los recuerdos son injustamente parciales, tristemente selectivos, perfectos para rehacer el viaje. El mismo peso tienen en la memoria las torres de Gaudi en Barcelona que las quesadillas del Parque España en CDMX. Incluso, estos trazos son sanadores, como en la Isla Naoshima de Japón, donde un dibujo tardío recompone un suceso entonces desconsolador, ahora restaurador de un pequeño mosaico anímico. Chillida y la Fontana di Trevi son momento de conectar con el lector. Bacalar en Quintana Roo es de las joyas que se esperan incorruptibles, ahora lo son al despojarlos de sus azules de fantasía. Si cada lámina es un aislado boleto con muchos destinos para el lector minucioso, el concepto del libro es un pequeño eco de un espíritu libertario, capaz de hacer el mundo, su mundo, día a día ante la vista de sus ávidos seguidores.

Una obra destacada en la amplísima producción de una de las luminarias más brillantes de su generación, sin duda ya referente para quienes desean mejorar lo inmediato, empezando por lo anímico y espiritual.
El libro puede adquirirse en las redes sociales de “elcejas”, especialmente en la página www.elcejas.com/store y en instagram @soyelcejas.

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