Internacional

Una Convención Global de Salud Pública para el Siglo 21

The Lancet Public Health “Una Convención Global de Salud Pública para el Siglo 21”

Por: Johnathan H Duff, Anicca Liu, Jorge Saavedra, Jacob N Batycki, Kendra Morancy, Barbara Stocking, Lawrence O Gostin, Sandro Galea, Stefano Bertozzi, Jose M Zuniga, Carmencita Alberto-Banatin, Akua Sena Dansua, Carlos del Rio, Maksut Kulzhanov, Kelley Lee, Gisela Scaglia, Cyrus Shahpar, Andrew J Ullmann, Steven J Hoffman, Michael Weinstein, José Szapocznik

Resultado de un arduo año de trabajo y entrevistas con pensadores y expertos en la gobernanza de salud pública de todo el mundo, finalmente The Lancet, ha publicado el presente artículo: “Una Convención Global de Salud Pública para el Siglo 21”, donde participan entre otros destacados expertos, los colaboradores de LaSalud.mx: la argentina Gisela Scaglia, el ítalo estadounidense Stefano Bertozzi y los Investigadores mexicanos Jorge Saavedra y Carlos del Río.

Resumen

Como lo muestra COVID-19, las enfermedades infecciosas con potencial pandémico presentan una grave amenaza para la salud y el bienestar. Aunque el Reglamento Sanitario Internacional proporciona un marco de obligaciones jurídicas vinculantes para casos de pandemia; prevención, preparación y respuesta, muchos países no cumplen con estas regulaciones. Hay una necesidad de un marco renovado para la acción colectiva global que asegure la conformidad con las regulaciones internacionales y promueva la prevención y respuesta eficaz a las enfermedades infecciosas pandémicas. Esta Política de Salud identifica las características para una nueva Convención Mundial de Seguridad en Salud Pública diseñada para optimizar la prevención, preparación y respuesta a las enfermedades infecciosas pandémicas. Proponemos diez recomendaciones para fortalecer la salud pública mundial, la gobernanza y promover el cumplimiento de las normas de seguridad sanitaria mundiales. Recomendaciones para una nueva convención global de seguridad de salud pública que incluye una mayor autoridad para un organismo de gobierno global, una capacidad mejorada para responder a las pandemias, un sistema objetivo de evaluación de las capacidades nacionales básicas de salud pública, una aplicación más eficaz con mecanismos, financiamiento independiente y sostenible, representatividad e inversión de múltiples sectores, entre otros. Los próximos pasos para lograr estas recomendaciones incluyen la creación de una alianza de inversión, especificando las estructuras operativas de un sistema mundial de seguridad de salud pública, y la superación de barreras como la insuficiencia de la voluntad política, escasez de recursos e intereses nacionales individuales.

Introducción

Pandemias, que por definición abarcan fronteras, representan una amenaza para la salud y el bienestar de las sociedades. La pandemia de COVID-19 ha hecho colectiva la acción para lograr una prevención, preparación y la respuesta a estos eventos es un imperativo mundial. El Reglamento Sanitario Internacional (RSI)’ constituye un marco legal internacional diseñado “para prevenir, proteger, controlar y proporcionar salud pública en respuesta a la propagación internacional de enfermedades “. El RSI establece las capacidades básicas mínimas que los Estados deben implementar a nivel local, regional y nacional para detectar morbilidad y mortalidad, reportar información esencial, y responder con eficacia para contener las amenazas a la seguridad sanitaria. Estas regulaciones son legalmente vinculantes para todos los 196 Estados firmantes. La supervisión del RSI es asignado a la OMS, el principal organismo mundial para las actividades relacionadas con la salud pública. La responsabilidad de mantener estas capacidades básicas recae en los estados individuales, y con la OMS proporcionar asistencia técnica. A pesar de las claras obligaciones legales descritas en el RSI, la mayoría de los estados que no cumplen con todos los requisitos, aunque los países pueden no adherirse al RSI por varias razones, una barrera principal para el logro global de los objetivos del RSI radica en su inaplicabilidad. Los estados miembros de la OMS están legalmente obligados a seguir las RSI, a menos que opten por no participar en el acuerdo, no existe sanción por incumplimiento. El RSI no proporciona a la OMS con poder suficiente para imponer sanciones, intervenir, o responsabilizar a los Estados por infracciones o incumplimiento, lo que significa que la OMS no posee la autoridad necesaria para ejecutar eficazmente este convenio. Además, según el RSI, la OMS no cuenta con suficientes recursos, autodeterminación política o capacidad para evitar que las naciones ignoren su orientación técnica.

La ausencia de autoridad explícita de la OMS para monitorear y hacer cumplir los resultados del RSI en un mundo que esta inadecuadamente preparado para manejar estratégicamente enfermedades infecciosas, brotes de enfermedades a nivel mundial, nacional o sub-nacional. El sistema de gobernanza sanitaria mundial podría ser más adecuado descrito como un grupo de “actores transnacionales y nacionales persiguiendo sus propios intereses” que una red coordinada de las partes interesadas colaboradoras que trabajan para lograr una prevención y control de la pandemia.

En lugar de delegar algunas responsabilidades de la toma de decisiones ante un organismo global, la mayoría los países cooperan cuando su liderazgo así lo desea, como cuando la colaboración es de interés individual y nacional de un país. La pandemia COVID-19 ha puesto de relieve estas deficiencias en formas que señalan una necesidad urgente de reforma. En enero de 2021, el Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló que la pandemia ha demostrado que las herramientas actuales de prevención y respuesta ante las pandemias son insuficientes. Introdujo la idea de una nueva convención, que dice “Creo que un tratado es lo mejor que podemos ya que eso puede traer el compromiso político de los estados miembros”. Este llamado a la acción no es nuevo.

Múltiples voces en la comunidad global de salud pública han pedido una estrategia más sólida para la adherencia al RSI y su ejecución.

La salud es un derecho humano y la base de una seguridad de la salud pública mundial se basa en la responsabilidad compartida.

Dado el peligro claro y presente que representa la COVID-19 y futuras enfermedades pandémicas, hay una necesidad para la comunidad internacional de establecer un sistema más efectivo para garantizar la observancia de las regulaciones internacionales de la pandemia como el RSI. La prevención de las enfermedades infecciosas globales, preparación y respuesta requieren coordinación por una organización internacional (o múltiples organismos) en colaboración con organismos nacionales y subnacionales.

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