Salud

La salud mental de la población infantil y adolescente también ha sido afectada por la pandemia

Sanamente.mx.- Las consecuencias de la pandemia van más allá de la crisis sanitaria, alcanzan otros ámbitos, como el social, económico, laboral, familiar y, por supuesto, psicológico, apuntó Jose Ramón Ubieto, profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya.

Dos años después, los signos de malestar psicológico han aumentado, aunque lo han hecho de manera variable y en función de causas diversas. El distanciamiento social ha provocado efectos de desorientación a muchas personas, pues como seres sociales necesitamos del otro como referencia. Perder los vínculos es perder un apoyo básico para nuestra salud mental.

La pérdida de personas cercanas a nosotros también ha impactado a nuestra vida, ya que nos encontramos ante un evento irreversible y doloroso.

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Aunado a esto, el malestar psíquico se presenta en la incertidumbre sobre las causas, las consecuencias y las soluciones. Nuestra vida en pandemia se encuentra en estado de alarma permanente; esto repercute en nuestro nivel de ansiedad y angustia. En ocasiones esto nos paraliza; en otras nos propicia a un activismo para encontrar alguna certeza que nos alivie.

Los efectos de la pandemia bien se pueden clasificar en dos: los trastornos de salud mental, que no han aumentado significativamente; y los signos de malestar psíquico, que sí se han incrementado y generalizado. Un malestar reactivo a una crisis es un fenómeno con una duración más corta y menos incapacitante, sin embargo, puede ser muy grave y doloroso.

Para la población infantil, la pandemia ha supuesto un aumento de los miedos, los cuales muchas veces son el reflejo de los temores que captan en los adultos. Simultáneamente, los límites en la socialización han afectado a su estado de ánimo. En su caso se manifiesta no tanto en efectos depresivos claros, sino en falta de apetito, insomnio, irritabilidad o hiperactividad. Los adolescentes, por su momento vital, no conocen la fórmula sin contacto. Necesitan del grupo como soporte para superar los ritos de paso e iniciarse en el mundo adulto.

Cuando ese soporte no se acompaña del contacto físico aparecen los fenómenos de ansiedad, depresión, los trastornos de la conducta alimentaria, las autolesiones o el aislamiento en su habitación. La desescalada supuso, para muchos, un retorno de las exigencias escolares y sociales difícil de asumir. Fue entonces cuando ese malestar psíquico se hizo más patente. El fenómeno actual de los botellones y las fiestas masivas se explica, en parte, por la necesidad de recuperar esas satisfacciones pérdidas, para ellos muy deseadas.

En estos momentos de cambio, sólo nos queda recuperar los vínculos mediante relaciones presenciales afrontar los duelos individual y colectivamente y convivir con una incertidumbre que nos acompañará durante un tiempo. Para ello, debemos encontrar el punto intermedio entre los cuidados sanitarios que nos empujan a la virtualidad y los encuentros personales, que nos pueden ayudar a recuperarnos emocionalmente.

RGP

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