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Cosas que creías mexicanas que en realidad tienen raíces japonesas

La herencia que Japón le ha dejado a México va más allá del anime o sushi, hoy en día hay cosas que podrían parecer mexicanas, cuando en realidad; parte de su origen proviene de Japón o han sido influenciadas por la cultura nipona.

Indudablemente, la llegada y establecimiento de los hijos del país del sol naciente en las diferentes ciudades y estados de la República Mexicana ha influenciado, contribuido y enriquecido a la sociedad mexicana; a continuación, te mostramos 5 cosas que actualmente forman parte de nuestra cotidianidad y provienen de Japón.

1. Chamoy 
El chamoy es una salsa a base de ciruela o chabacano deshidratado, chile, sal, vinagre y azúcar, una de las predilectas para agregar ese “picor rico”, característico de varios dulces mexicanos.

A pesar de la popularidad que tiene México, esta salsa tiene su origen en Japón. El chamoy es el derivado de un complemento japonés llamado umeboshi, el cual se elabora, tradicionalmente, con ume (ciruela japonesa) fermentada con sal que, luego prensada para sacarle todo el jugo. Antes de consumirse se tiñe de color rojo, usando hojas de shiso, proceso que le da el característico aspecto que conocemos.

El umeboshi es utilizado como complemento del arroz blanco. En Japón se puede encontrar en formato entero y hasta en bebidas; además, ofrece múltiples beneficios a la salud por ser un alimento alcalino: previene el envejecimiento prematuro, estimula la digestión y es un perfecto auxiliar en la disminución de los niveles de azúcar en la sangre.

2. Jacaranda
El árbol de jacaranda llegó a la Ciudad de México en la década de los años 20, gracias al maestro jardinero Tatsugoro Matsumoto, quien fue invitado por el gobierno del expresidente Plutarco Elías Calles (gobernó de 1924 a 1928) para darle color a las principales avenidas de la metrópoli con árboles de cerezos como en la ciudad capital de Japón, Tokio.

El gobierno japonés estuvo de acuerdo en donar los cerezos, sin embargo, al analizar las condiciones climáticas y el suelo de la ciudad mexicana, Matsumoto recomendó cambiar los cerezos por jacarandas (árbol que fue traído de Brasil), ya que esta opción sería más adecuada para aguantar las circunstancias citadinas. 

Cada que florecen a finales de febrero y principios de marzo, el color que caracteriza a las flores de estos árboles son un recuerdo vivo del lazo que une a Japón y México.

3. Karaoke 
La historia del karaoke empieza en Japón, donde la música ha sido popular como medio de entretenimiento durante reuniones y comidas. Daisuke Inoue, inventor de la maquinita con la que cualquier persona puede cantar en vivo sobre una versión grabada y sin letra de una canción; comenzó alquilando estas máquinas, las cuales funcionaban con monedas, a diversos establecimientos, lo que ayudó a popularizar esta nueva forma de esparcimiento. La palabra karaoke surge de la combinación de los términos japoneses kara (vacío) y okesutora (orquesta), creando el concepto de “orquesta vacía”.

4. Diseño de la Talavera 
Cuando la exportación de porcelana a nuevas tierras disminuyó drásticamente desde China, fue que los fabricantes japoneses entraron en el panorama y satisficieron la oferta con diseños artísticos muy similares a los chinos, utilizando figuras de ciervos y garzas, entre otros animales.

De acuerdo con algunos cronistas, con el pasar de los años; algunos artesanos en Puebla empezaron a integrar los diseños japoneses a su técnica de “talavera”, esto con el fin de que las piezas gozaran de la misma popularidad y valor como las de porcelana. Incluso, además del diseño, se permitió que las formas de las piezas se adaptaran al gusto y cotidianidad de la Nueva España, como ejemplo de esto: algunos utensilios para la ceremonia del té – pensados para el mercado doméstico japonés –, eran usados como floreros.

5. Ramen japonés
¿Qué mexicano no ha probado un buen vaso de fideos instantáneos bien calientes, con limón y un poco de Salsa Valentina?

Lo que no muchos saben es que se trata de uno de los mejores inventos japoneses del siglo XX, pues ayudó a terminar con la hambruna durante la posguerra. En 1958, Momofuku Ando, un empresario japonés creó unos fideos que se pueden secar, empacar y rehidratar en menos de 3 minutos con agua caliente. 

Su delicioso sabor y su bajo costo hizo que se convirtieran en una tradición culinaria entre los universitarios y todos aquellos a los que no les gusta o no son buenos para cocinar.

México y Japón se caracterizan por su rica cultura y estrecha relación, qué mejor forma de seguir descubriendo la influencia y herencia que planeando una visita a la isla nipona; la cual te dará la oportunidad de conocer sus orígenes, disfrutar de su gastronomía y sorprenderte con su vasta cultura.  

DZ

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