Salud

La evolución del VIH a lo largo de mi vida profesional

Por: Dra. Leticia M. Pérez Saleme, Infectología Adultos, Presidente AMMVIH 2010-2011

LaSalud.mx .-A lo largo de mi vida profesional, diversos y muy significativos avances se han logrado en un sinfín de enfermedades: cardiología, oncología, reumatología, por nombrar algunos. Pero el área más impactante para mí, sin duda alguna, han sido los avances en la atención de pacientes infectados con VIH.

Recuerdo que, en la carrera de medicina, al final de mis cursos clínicos de pregrado, tuve un encuentro con mi primer paciente con VIH. Era un hombre joven recién diagnosticado. Por desgracia, como frecuentemente ocurría en la mayoría de los casos, fue detectado en la etapa avanzada de la enfermedad.  Los pacientes no querían hacerse la prueba diagnóstica por miedo a un resultado positivo, como si el evadir la confirmación diagnóstica fuera igual a no tener la enfermedad. Me recordaba aquel dicho popular: “el que nada sabe, nada teme”; sin percatarse del impacto que tendría en su salud el retrasar el diagnóstico y, consecuentemente, la atención médica que, en aquella época, ya se lograba tan sólo con iniciar profilaxis antimicrobiana para prevenir algunas infecciones oportunistas como Pneumocystis carini (hoy P.jiroveci), pues no contábamos con medicamentos antivirales. Notorio era también el miedo de los trabajadores de la salud para atender a estos pacientes (desde los compañeros de intendencia, hasta los médicos de otras áreas), en muchos casos, por desinformación.  Esta situación la volvimos a vivir al inicio de la pandemia por Covid-19 cuando los mecanismos de transmisión de la infección no eran del todo claros, y en muchos casos no se contaba con el equipo de protección que pensábamos se requería para cuidarnos de un posible contagio.

Así que, aquel paciente permanecía aislado en su habitación, esperando su sentencia de muerte. La expectativa de vida en esos momentos se estimaba de 1 año a partir del diagnóstico de SIDA. ¡Cómo han cambiado las cosas! Hoy en día, la expectativa de vida de un paciente con VIH que esté bajo tratamiento antirretroviral, con cargas virales indetectables en forma sostenida y con un recuento de CD4 superior a 500, es similar a la de una persona de su misma edad y género sin infección por VIH.

Recuerdo también que, ya en la residencia, los medicamentos antirretrovirales sólo estaban disponibles de forma gratuita para los pacientes que tenían seguridad social. De tal forma que yo tenía dos tipos de poblaciones: aquellos que contaban con seguridad social y acceso al famoso HAART (highly active antiretroviral treatment), la combinación de 3 medicamentos, generalmente con algún inhibidor de proteasa y dos análogos de nucleósidos, que por primera vez lograba inhibir completamente la replicación viral, y con ello, la consecuente recuperación inmunológica. Esto traducía clínicamente una mejoría dramática de los pacientes. Cabe mencionar que aquellos tratamientos (27 pastillas o cápsulas distribuidos en 2 o, frecuentemente, 3 tomas al día; algunos en ayunas, otros con alimentos) solo consideraban el tratamiento antirretroviral. A lo anterior se le sumaba la profilaxis o tratamiento de la infección oportunista en cuestión. Hoy en día, contamos con múltiples combinaciones de una pastilla diaria, la cual contiene la totalidad de medicamentos antirretrovirales de los esquemas actuales, mejor tolerados y con menos eventos adversos. ¡Grandes avances sin duda!

Luego surgió el FONSIDA, que otorgaba tratamiento antirretroviral gratuito a mujeres y niños. Este proyecto, que afortunadamente evolucionó para todo paciente con infección por VIH en nuestro país, originalmente fue guiado de acuerdo al estudio clínico del paciente y su recuento de CD4. Desde el año 2015 se volvió irrestricto, es decir, un tratamiento universal independientemente del estudio clínico o CD4. Hoy en día, todo paciente con infección por VIH debe estar bajo tratamiento antirretroviral; pues se ha demostrado un franco beneficio con disminución de la morbi-mortalidad y mejoría de la calidad de vida asociada a esta infección.

Tempranamente en la historia del tratamiento antirretroviral aprendimos, como en muchas otras infecciones virales, la correlación entre la carga viral –que traduce el grado de replicación viral– y la capacidad de transmisión del virus. De esta forma, sabemos que una madre que toma tratamiento antirretroviral durante el embarazo y se encuentra con carga viral indetectable al momento del nacimiento, tiene una posibilidad menor al 1% de transmitir la infección a su bebé. En contra parte, aumenta a un 25% si no se encuentra bajo tratamiento. Esto se traduce a parejas serodiscordantes, en las que uno de los dos es seropositivo y la pareja seronegativa. Si el paciente infectado por VIH se encuentra bajo tratamiento y está indetectable, la posibilidad de transmisión es prácticamente nula, dando origen a la campaña de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el 2018 de U=U (undetectable = untransmisible), es decir, el paciente indetectable no transmite la infección por VIH.

Otro gran logro ha sido la posibilidad de prevenir la infección por VIH a través del tratamiento antirretroviral con dos fármacos a personas en riesgo de contraer la infección, lo que hoy en día se conoce como PrEP (profilaxis pre-exposición). En la actualidad, está ampliamente disponible en nuestro país, sin embargo, al igual que en muchos países, la solicitud de este tratamiento por parte de las personas en riesgo es aún muy limitado. Necesitamos más campañas de difusión y orientación por parte del personal de salud, así como estrategias guiadas por la secretaría de salud para la difusión e implementación de esta herramienta, que aunada a la anteriormente citada U=U, nos ayude a disminuir los contagios.

El ¨talón de Aquiles¨ del tratamiento antirretroviral, tanto con fines terapéuticos como profilácticos, es el apego al tratamiento por parte del paciente. Cuesta trabajo entender que necesitamos garantizar niveles constantes de cada uno de los fármacos en una concentración suficiente para inhibir la replicación viral y que, si se pierden tan sólo de 1 a 3 dosis del medicamento al mes, puede ser suficiente para generar resistencia a los medicamentos. El retrasar la toma de los medicamentos también puede tener un efecto similar. 

Otro aspecto sobresaliente en la pandemia de VIH ha sido la discriminación, que ha dado tantas aristas a esta enfermedad, que volvimos a vivir en la pandemia de Covid-19 y ahora con Monkeypox. Hoy en día sabemos que, en realidad, toda persona sexualmente activa está en riesgo potencial que contraer esta infección y que este se incrementa con otros, así como sucede en cualquier otra infección de transmisión sexual. Basta ver las estadísticas en nuestro país, donde más del 40% de las transmisiones documentadas históricamente, han sido en población heterosexual.

En fin, podría seguir comentando diversas historias de éxito y retos que nos ha planteado esta enfermedad. Sin duda hemos logrado grandes avances, pero aún tenemos un gran trecho por recorrer. A pesar de todo lo aquí expuesto, seguimos teniendo mucho que descubrir en cuanto al diagnóstico, aún hay muchos pacientes cuyo veredicto se presenta de forma tardía, personas que pudieron haber prevenido la infección pues se encontraban en un grupo de muy algo riesgo para su adquisición; así como individuos que saben que tienen está infección, pero no acuden a los centros de atención por miedo a la discriminación.

¡Todos podemos sumar nuestro ¨granito de arena¨ en lo que respecta a la infección por el VIH!

Este y otros interesantes artículos, reportajes; entrevistas y colaboraciones especiales con los más connotados especialistas a nivel nacional e internacional; los puede encontrar en nuestra próxima Edición Especial Multimedia de la Revista LaSalud.mx: “Temas Selectos en VIH”. Estas publicaciones son de nivel Internacional con presencia Ibero-Latinoamericana.

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